miércoles, 20 de mayo de 2026

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Ema llega ligeramente ¿desaliñada? Él no pude precisar en qué. Quizá el cabello más alborotado que de costumbre. Jeans, zapatillas, remera. Todo negro. Se sienta, ambas piernas juntas, la espalda recostada en el diván. No sé qué hacer arranca. ¿Con respecto a qué? ¿Viste que hay varios cuentos en que la gente pide deseos pero que cuando le son concedidos le complican la vida? Él asiente con la cabeza, interesado. ¿Te acordás de la charla con mi papá? Por supuesto. Lo que te voy a contar te va a sorprender, estoy segura. Sorprendeme, entonces dice él al tiempo que eleva ambas palmas. Mi papá me invitó a pasar las fiestas con ellos en Punta del Este. Esa sí que es una noticia comenta él genuinamente sorprendido y después recuerda la frase anterior y pregunta ¿y cuál sería la complicación? La chica abre mucho los ojos, arquea las cejas. ¿De veras me preguntás o me estás cargando? ¿Qué sería tan obvio? repregunta él. Ema se reacomoda. Se sienta sobre las piernas flexionadas. No puedo dejar sola a mi mamá para las fiestas. ¿Nunca celebraste con tu papá? Algún año nuevo cuando era chiquita, pero todas las navidades de mi vida las pasé con mi mamá. Él se queda reflexionando. Vamos por partes, Ema propone al fin en primer lugar, aunque vos te fueras, tu mamá está muy lejos de la soledad; Alejandro, tus dos hermanos y quizá tu abuela y alguno de tus muchos tíos. confirma la chiquilina siempre pasamos la nochebuena en lo de mi tío Juan Cruz; tiene una casa enorme en un country; mi tía Luján es una excelente anfitriona, como dice mi abuela; la mesa es un espectáculo, el parque lleno de luces de colores, un árbol gigantesco y se juntan un montón de primos: hasta sobrinitos segundos tengo. Ema se restriega las mejillas con ambas manos. Entonces podríamos dejar de lado la hipótesis de la soledad de tu mamá. No me entendés dice la chica, fastidiada yo siempre la ayudo a pensar los regalos, a comprarlos, a envolver los paquetes; mis hermanos son chicos se queda pensando aunque yo era mucho más chica cuando empecé a ayudarla. Eso podrías hacerlo antes de irte sugiere él si ese fuera el motivo, claro. Tenés razón admite Ema, su mentón oscilando de arriba a abajo lo que pasa es que a mí esas fiestas me encantan, me divierto un montón. Dejemos de lado el multitudinario festejo de nochebuena, ¿vos y adrede acentúa el vos tenés ganas de ir con tu papá? La mirada de la chica pasea de la ventana al techo. Luego lo mira y dice sí y no. Vamos a tratar de evaluar primero cada una de las razones por las que sí desearías ir. La chica va tocando sus dedos a medida que enumera. Quiero estar con mi papá un tiempo largo; hace mucho que no compartimos más que un par de horas; quiero estar con mis hermanitos, son imbancables pero son mis hermanos y casi no los conozco y, lo que es peor, ellos casi no me conocen a mí; quiero conocer Punta del Este, siempre escucho hablar a mis amigas de que varias veranean allí; mi papá siempre va a restaurantes lindos, caros, mamá y Alejandro no pueden, me siento idiota contándote esto, a mí la plata no me importa. Él sonríe. Continuá, Ema, vamos bien la alienta. No se me ocurre nada más dice la chica luego de un rato. Entonces pensemos por qué no querrías ir. Ema baja la vista, las mejillas se le encienden. Tengo miedo confiesa segundos después. ¿De qué? De muchas cosas dice mientras mira el piso de extrañar, de no aguantar a mis hermanitos, de que mi papá igual no me dé bola, de aburrirme, qué sé yo sacude la cabeza y afirma ya me cansé de esto. Él, luego de unos instantes, en voz más baja dice me parece que te olvidaste de alguien. ¿De quién? pregunta Ema, enderezándose y mirándolo. ¿De quién? repregunta él. Cierto reconoce la chica no la nombré a Sandra; sí, tengo miedo de que me ignore, de que me maltrate; no puedo ni imaginarme pasar tantos días con ella. Con la madrastra de los cuentos comenta él sonriendo. No te burles de mí, Gustavo pide Ema. A lo mejor es una oportunidad para que ambas se conozcan; quizás ella también te tiene un poco de miedo… ¿Por qué lo decís? pregunta Ema frunciendo el ceño. Sos una chica muy inteligente que siempre tiene respuestas y, además, seguramente se da cuenta de cuánto te valora tu papá. La chica se queda reflexionando. Varias veces mi papá comparó a sus nuevos hijos conmigo; Ema a esa edad ya…; me imagino que eso a ella le debe dar rabia, nunca lo había pensado; ¿me servís agua? pide. Luego de beber agrega además, con todo lo que le eché en cara a mi papá. ¿cómo ahora podría decirle que no me interesa estar con él; ¿y cómo le puedo decir a mi mamá que lo elijo a él para pasar las fiestas?, no es justo solo porque me ligaría un viaje a Punta del Este. Gustavo controla el reloj. Lo importante, Ema, es que vos puedas tomar una decisión de acuerdo a tus deseos; en esta oportunidad dejá de lado los sentimientos de tus padres, ellos son adultos, tienen recursos para afrontar situaciones adversas; centrate en vos; me imagino que todavía tenés unos días para seguir evaluándolo. De acuerdo dice muy seria voy agarrar un papelito y anotar las cosas que vimos aquí y otras que se me puedan llegar a ocurrir; voy a hacer dos columnas. Él recuerda las columnas de Nacho. Nunca debiéramos subestimar a los adolescentes, piensa. Si necesitás hablar conmigo llamame ofrece él. Muchas gracias, Gustavo; vos siempre me ayudas, mucho me ayudas. Él sonríe, conmovido.

 

 




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