Cuando escucha el portero eléctrico, exactamente a las catorce, Gustavo suspira, aliviado. Vino, piensa. Oye el taconeo en el palier y abre la puerta antes de que ella toque el timbre. Andrea le da un beso en la mejilla, entra al consultorio y se sienta. No vas a necesitar echarme enuncia, sonriendo. Yo nunca te eché le aclara él. Ella hace una mueca despectiva. Ponele dice. Como calla, él le pregunta ¿qué resolviste? Andrea se endereza en el diván, lo mira fijo y dice subrogación de vientre. Él se queda pasmado. No te preocupes, la subrogación de vientre no está prohibida. ¿Y qué opina George al respecto? Aunque te parezca raro, esta opción le genera menos reparos; creo que lo que más lo asustaba era no saber qué criatura nos podía tocar. Uno nunca sabe qué hijo le tocará le aclara él y piensa cómo será el suyo que viene en camino. Ella hace un gesto de impaciencia. Sabés a qué me refiero dice. Me imaginó que comienza un arduo camino; el tratamiento para lograr los embriones y, lo más complicado, conseguir una mujer voluntaria. Ella sonríe. Todo resuelto informa de la última fertilización quedaron tres embriones congelados y, con respecto al vientre, aquí me resulta imposible, pero en Estados Unidos es una práctica habitual, ya me contacté con una agencia. ¿Todo esto en una semana? no puede dejar de preguntar él. Ella ríe. Sabés que cuando me propongo algo… Qué decirle, por eso calla. La observa con atención. Está radiante. No puedo creer que dentro de un año tendré un bebé entre los brazos dice Andrea luego de un rato ya me había resignado a que, en el caso de adoptar, me tocara un nene de un par de años, pensar en un bebé me ablanda los huesos. No entiendo a las mujeres, se dice él. Ni esta, que parecía la más dura, la más potente, la más fuerte, está libre del famoso instinto maternal, últimamente tan cuestionado. Ella lo observa. ¿No estás contento por mí? pregunta. Él se plantea si un paciente debe despertarle emociones a su terapeuta. Aquí lo único que interesa es que vos estés contenta responde. Estoy feliz; el lunes logré contactarme con la agencia; tengo intenciones de ir a Estados Unidos antes de fin de año; podríamos hacer los trámites iniciales online, pero yo necesito estar allá, sentir que formo parte de todo; quiero, participar en la selección, conocer personalmente a la mujer; llevar yo misma mis embriones. Andrea habla en voz muy alta, gesticula como nunca. Está muy excitada, piensa él. ¿Podés compartir tu proyecto con alguien? pregunta. En este momento no estoy en condiciones de soportar que nadie lo descalifique responde ella mirando al suelo. ¿Por qué asumís que lo descalificarían? Gustavo, qué preguntás, ¿a quién puede parecerle sensato? responde ella mirándolo fijo y levantando las cejas. ¿Ni a vos? Ella se queda reflexionando. No es un proyecto sensato; es desesperado admite. ¿Tu madre lo sabe? No responde ella no nos vemos casi nunca; ella sigue viviendo en Cañada; pero siempre pasamos la navidad allí; si consigo los pasajes para la semana próxima tendré que avisarle que no iremos y los motivos. ¿Cómo creés que reaccionará? ¡Pondrá el grito en el cielo! exclama Andrea ya con las fertilizaciones no estaba de acuerdo; me decía que para qué quería complicarme la vida. Él se toma unos segundos antes de preguntar ¿y cómo te cayó a vos ese último comentario? ¿Y cómo supones? pregunta ella de mala manera la clara corroboración de que para mi madre, mi hermano y yo fuimos vividos como una complicación. Desde el punto de vista práctico quizá tu madre solo está afirmando que criar un hijo supone una serie de dificultades. Sí; pero para ella fuimos una complicación sin satisfacción aparejada; dudo que hayamos formado parte de su deseo; en cambio para mí, el deseo es tan fuerte que por momentos obnubila mi raciocinio. Él le ofrece agua, momento en que le cierran las fechas. Esta, entonces, sería nuestra última sesión dice. ¡Por ahora! exclama ella espero no tener que estar en Estados Unidos mucho más de una semana, aunque con el tema de las fiestas todo se complica; porque vos me vas a acompañar en este proceso, ¿no? pregunta mientras lo mira con intensidad mirá que es legal y como él no responde enseguida ella agrega necesito tanto que me acompañes. Él se limita a decir me tomo vacaciones recién en febrero, así que en cuanto regreses conéctate conmigo. Ella emite un suspiro de alivio. Ya en el palier dice gracias, Gustavo, me ayudaste a pensar. Él le oprime el brazo y le dice suerte, mucha suerte. La necesitaré son las últimas palabras de Andrea.

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