viernes, 19 de junio de 2026

248

 

Miércoles 19



Cecilia acostada en la camilla, la ecografista a un lado; él, al otro. Ven, esta es la cabeza explica la mujer estas son las manitos. Y sí, lo que se ve es el contorno de un ser humano. Todo perfecto, por el tamaño tiene dieciséis semanas. Él observa a Cecilia, le corren las lágrimas por las mejillas. Lágrimas que él seca con el dorso de la mano. ¿Quieren saber el sexo? Gustavo mira a Cecilia que hace un gesto de asentimiento. responde él. Es un varón. Nacho va a estar contento, es su primer pensamiento. Y después piensa que él también. Quizá con este bebé pueda redimirse de muchas actividades masculinas que no compartió con su primogénito. Cecilia le tiende la mano. Él se la oprime.

 

¿Querés que vayamos a almorzar? propone él, terminado el estudio, ya en el auto. ¿Y si compramos algo y comemos en tu consultorio? Él se queda sorprendido. ¿Por qué? pregunta y al instante se da cuenta de que es una pregunta estúpida. Nunca comimos allí, ni siquiera compartimos un café. Es cierto, nunca la invitó. De acuerdo dice y arranca. Logra estacionar en la esquina del consultorio y pregunta ¿con qué estás tentada?  Algo que vos comas habitualmente. La sorpresa de él va en incremento. ¿Empanadas, tarta, milanesa? Hace casi veinte años que decido qué se cena cada noche; hoy liberame, elegí vos. Es cierto, se repite él, nunca lo había pensado. ¿Venís conmigo a comprar o preferís esperarme en el auto o en el consultorio? Te acompaño responde ella al instante. Mientras esperan en la rotisería ella comenta es raro ver lo que tantas veces imaginé. Él la mira frunciendo el ceño. No entiende. No la entiende. Recuerda el título de una novela que leyó hace años. Extraños cotidianos. Él para ella y ella para él. Hay una parte de nosotros mismos imposible de compartir, piensa. Absolutamente propia.

 

Él va a poner el individual, pero repara en que solo tiene uno. Es que este lugar es exclusivamente mío, se dice. Por suerte tiene dos tenedores y dos cuchillos. Vasos, varios. Para los pacientes, claro. Y también cuatro tazas de café. Mientras distribuye los platos escucha los pasos de ella recorriendo el consultorio. Cuánta luz la oye decir que ya en la cocina agrega es muy lindo este lugar, con razón te gusta tanto venir. ¿Preferís de jamón y queso o de calabaza? le pregunta él señalando las porciones de tarta ya servidas en sendos platos. Ella levanta ambas palmas e inclina el mentón. Él, entonces, corta ambas porciones al medio. Compartiremos decide. Va a preguntarle si quiere ensalada cuando recuerda el trato y le sirve.  Están muy ricas comenta ella y él acota sí, cocinan muy bien, parecen caseras.  Él detecta cierta tensión en el ambiente. Así que tendremos un varoncito dice. Sí, es raro saberlo; con los otros dos fue una sorpresa le recuerda ella. ¿Vos que preferías? inquiere él. Sinceramente, ni me lo había planteado ella hace una pausa y a su vez pregunta ¿y vos? Un varón contesta él. Brindemos entonces propone ella levantando el vaso de agua. Él la imita. ¿Ya te resignaste? pregunta ella minutos después, los platos casi vacíos. Él la mira. Sus ojos están tan tristes que lo golpean. Sin siquiera pensarlo se levanta y la abraza. Ay, Gus musita ella.


miércoles, 17 de junio de 2026

247

 


Una semana ya sin Martina y no se acostumbra a ver tres platos sobre la mesa. Cuando no fueron solo dos porque ¿casualmente? Nacho comió afuera varias noches. Un rato después, ya alrededor de la mesa, Cecilia pregunta ¿cuándo tenés finales? a lo que Nacho responde Análisis el 20 y Álgebra el 23; a partir de la semana próxima, olvídense de mí; un compañero consiguió un departamento y allí nos atrincheraremos hasta rendir. ¿Se van a quedar a dormir? Sí. ¿Cuántos son? pregunta él. Cuatro. ¿Varones? Tres varones y una chica responde su hijo mirando el plato. ¿La chica es Paula? averigua Cecilia. No jodas, ma. Veo que sí, que es Paula comenta ella sonriendo. Me alegra que tengas con quien estudiar; hay personas que no logran integrarse a un grupo comenta él. ¡Yo siempre fui muy sociable! exclama el chico eso no es novedad. Me está acusando de no conocerlo, evalúa él, que va a replicarle cuando decide que no tiene sentido. De todos modos, el clima se tensó. Siguen cenando en silencio. Está carne está zarpada, ma lo rasga Nacho. Veremos si en ese departamento se come tan bien dice ella. Difícil, a menos que algún día quieras contribuir. El rostro de Cecilia se anima. ¡Por supuesto! exclama encargame lo que quieras. Voy a romperla; gracias, ma. ¿Me servís un poco más? pide él es una manteca. La compré en COTO informa ella. ¿Supieron algo más del bebé? pregunta intempestivamente Nacho. Ellos cruzan una mirada. No contesta Cecilia me hacen una ecografía la semana próxima. ¿Dónde va a dormir? inquiere el chico. Por unos meses con nosotros responde ella pero ya estuvimos pensando en comunicar la habitación de servicio con nuestro dormitorio, están pared con pared. Nacho se queda pensando. Luego dice para que no tengan que hacer una obra, yo me puedo mudar a ese cuarto y dejarle el mío al bebé. Pero es muy chico interviene él, sorprendido. La ventaja es que es más independiente; hasta baño propio tiene; además, yo no me voy a quedar mucho tiempo viviendo aquí. ¿Cómo es eso? lo interrumpe la madre, ladeando la cabeza. Ya tengo diecinueve años; estuve hablando con el abuelo; me prometió que, siempre que no descuide los estudios, me puede emplear en la fábrica; con eso me podría pagar el alquiler de un departamentito; estuve hablando con Fabricio, un compañero de la facultad; él también quiere mudarse el año próximo; por el momento es solo un proyecto, pero tengo muchas ganas. ¿Estás incómodo acá? pregunta Cecilia ya sabés que podés invitar a quien quieras. No, ma, no eso. ¿Es por la llegada del bebé? inquiere él. No, pa, tampoco; lo vengo pensando de antes. Y esto terminó por decidirte… arriesga él. El chico hace un gesto despectivo con la mano y luego le tiende el plato a Cecilia dame el pedazo que tenga más grasa y un par de papas, porfa. Ella accede en silencio. No tiene buena cara.

 

Cuando entra al dormitorio Cecilia ya está acostada y, en cuanto lo ve, se incorpora y pregunta ¿qué me contás de lo de Nacho? Está creciendo responde él que no pudo dejar de pensar en el tema bajo la ducha. ¿Tu viejo te comentó algo? Nada, una tumba; no entiendo cómo este chico tiene un vínculo con él que yo nunca tuve. Afortunadamente comenta ella creo que les hace bien a los dos. A mí no me gusta que dependa de su abuelo laboralmente. Quizás es solo el empujón inicial. No dice él, de mala manera desde que es chico que el viejo ha intentado captarlo. ¿Estás celoso? Claro que no responde él, aunque se plantea que tal vez su mujer esté en lo cierto. ¿Celos del afecto de su hijo por su padre?, ¿o de que su padre quiera a ese nieto como nunca lo quiso a él? Cecilia se acuesta nuevamente. A lo mejor la idea de Nacho de cambiar de cuarto es buena comenta. Nos resolvería un problema acota Gustavo pero no sé si corresponde. A lo mejor le hace bien hacer algo por su hermanito; ¿viste como insistió con que es triste para un bebé sentirse no deseado? Él se siente incómodo, muy incómodo. Voy a hacerme un café dice ¿querés algo?

 


248

  Miércoles 19 Cecilia acostada en la camilla, la ecografista a un lado; él, al otro. Ven, esta es la cabeza explica la mujer estas s...