lunes, 30 de marzo de 2026

215

 



215

Charlé con Inés informa Manuel en cuanto se sienta y luego calla. ¿Querés contarme? pregunta él. Por primera vez hablamos sobre nuestra infancia, sobre la muerte de Daniel, sobre papá; ella también estuvo trabajando su historia en terapia; coincidimos en muchas cosas que ella también descubrió; lo que la sorprendió fue lo que estuvimos viendo sobre la figura de mamá; ella seguía idealizándola; la conmocionó verla desde otro lugar; me dijo que ahora entendía muchas cosas. Gustavo se siente satisfecho, muy satisfecho. Le maté el punto a Ana María, decide, ojalá que Inés le comente lo que trabajé con su hermano. Le conté lo de Judith prosigue Manuel lo que hizo papá con las cartas; no lo podía creer; recién así pudo entender mi alejamiento, mi desentenderme de la salud del viejo. Manuel se sirve un vaso de agua. Gracias dice. ¿Por qué? pregunta él, desconcertado. Por tu comentario de cierre; es cierto, al menos la tengo a Inés; es como si nunca la hubiera considerado una persona; Inés estaba, estaba siempre para los otros; estaba para papá, sobre todo se reclina sobre el respaldo y pide hablemos de otra cosa. Hablemos de tu profesión, entonces propone él. Manuel arquea las cejas. Elegiste la cirugía, la especialidad de tu padre. ¡Igual la hubiera elegido! exclama Manuel al instante. ¿Por qué? inquiere él. Mucha adrenalina; cuando salgo del quirófano y voy a informar a la familia, todavía me corre por dentro; entonces los miro a los ojos, imagino por lo que están pasando; cuando puedo darles buenas noticias me siento Dios; a lo largo de estos años, miles de pacientes me entregaron lo que más aprecian, su propia vida; tuve, literalmente, su vida entre mis manos; conseguí que la mayoría de ellos pudiera seguir viviendo o viviera mejor; es un satisfacción indescriptible dice con una energía, con una vitalidad que Gustavo le desconocía. Con pasión. Quizá por momentos, por horas sos un Dios como tu padre arriesga. No lo descalifica el hombre en el quirófano es el único lugar en que me siento yo. Él busca, entonces, por otro lado.  Tal vez sea el único lugar en el que pudiste descargar la agresividad normal y natural de todo niño y que en tu caso fue duramente reprimida. Manuel lo mira con interés y comenta el vulgo dice que los ricos son cirujanos y los pobres carniceros. Etimológicamente agredir significa algo tan positivo como avanzar, dirigirse hacia algo; hay que distinguir entre agresividad benigna y maligna; la primera es de carácter defensivo y desaparece cuando se neutraliza el peligro; está, pues, al servicio de la vida, no de la muerte; la agresividad maligna, está representada por las conductas que intentan hacer daño porque sí. Gustavo se sorprende de sí mismo. Como si un ventrílocuo hablara a través de su boca.  Me interesa mucho lo que decís lo reconfirma Manuel sí, cada operación es un baño de adrenalina; me hace sentir vivo. Tu problema es el resto del tiempo. A veces siento que soy un adicto confiesa el hombre operar dejó de ser mi profesión para transformarse en mi droga.  Droga que, mientras dura, tapa tu soledad. Manuel se echa hacia atrás el cabello con ambas manos. No puedo más así; a veces me dan ganas de dormirme y de no despertarme más. ¿Cómo tu padre? Manuel lo mira fijo. ¿Considerás que la vida de tu padre estuvo muy poblada en los últimos años? Nunca me lo planteé reconoce el hombre. Planteátelo ahora sugiere él.  No lo sé. Un buen tema para charlar con tu hermana propone él y enderezándose en su sillón pregunta ¿dejamos acá?

 

Gustavo se queda reflexionando. Manuel eligió la misma profesión que su padre sin embargo, coincidía con su propia vocación. A él le costó imponer la suya: su padre no quería que estudiara psicología. Te vas a morir de hambre decía. Hice lo que quise, piensa, pero también piensa que sigue trabajando en la fábrica de su padre. ¿El consultorio es su hobby? Al menos yo no intenté influir sobre la decisión de Nacho, piensa. Aunque poco le haya gustado Administración de Empresas. El viejo lo captó desde chico, evalúa con fastidio, quizá porque yo no estuve cerca.  Busca el celular. ¿Qué novedades? le escribe a su hija. Ninguna contesta la chica. ¿Todo bien? Todo bien y ahora que me escribís, de diez. ¿Tenés ganas de que merendemos un día de estos? le escribe él porque de repente registra que la extraña. Después se arrepiente, le da vergüenza, qué puede interesarle ya a la chiquilina su compañía. La respuesta llega al instante. Solo si me prometés submarino y tostado. Él sonríe. Sigue compradora la mocosa. Como antes le escribe él. Como siempre contesta su hija. Gustavo se lleva la mano al pecho.


 

miércoles, 25 de marzo de 2026

214

 



214

Cuando venía para acá me encontré por la calle con una excompañera, estaba embarazada; es horrible, en lugar de ponerme contenta por ella me dio una envidia espantosa; igual la felicité recupera la sonrisa no te asustes. Él piensa que por suerte el embarazo no lo porta él, a Andrea le resultaría intolerable. ¿Cómo anduviste esta semana? inquiere. ¡Removidita! contesta ella con gestos ampulosos me vino a visitar una prima, diez años mayor que yo; le conté lo que habíamos trabajado en terapia y me contó que el subnormal le hacía chistes verdes, la miraba con intención; le decía “deja a tu novio, yo te haré ver las estrellas”; cuando le pregunté si se acordaba qué pasaba conmigo, recordó que él siempre me estaba encima; me sentaba en sus rodillas; una vez escuchó que me decía “mirá cómo te crecen las tetitas”; también oyó a su madre decir “gracias a Dios que Andrea se fue porque no sé qué iba a pasar” cuenta con desenvoltura. Es notable que te hayas olvidado de todas esas situaciones; vemos que en tu ida a Rosario confluyeron varios motivos: tu madre trato de sacarte del escenario para evitar males mayores. Me protegió dice ella. Protegerte hubiera sido echar al hombre le aclara él. ¡El gran escape! exclama la mujer entre carcajadas. No voy a irritarme, se impone él. Recuerda luego la impaciencia manifestada por Andrea la sesión anterior. A meter primera, se ordena. Me hablaste de una gira por Sudamérica dice contame un poco. Yo me fui con lo puesto; éramos unos quince chicos de menos de veinte años; hicimos kilómetros y kilómetros; nos presentábamos en teatros de primera pero parábamos en pensiones de cuarta; nos pagaba chirolas; “el resto se los daré cuando volvamos a Buenos Aires”, prometía; además me obsesionaba con el peso; me acuerdo que comía lechuga y pomelo y tomaba coca light; con un metro sesenta y cinco y cuarenta y cinco kilos era gorda para él; en mis sueños aparecían pollos al horno cuenta riéndose. Andrea la interrumpe él no es gracioso; eras una chiquilina de diecinueve años sola, maltratada, muerta de hambre. Sí admite ella además era pleno invierno, pasamos mucho frío. Pero vos resististe sin quebrar; una roca. Sí, no me recuerdo angustiada. Si conectabas con tu emocionalidad estabas perdida; ¿cuánto tiempo duró el suplicio? Estando en Colombia se me hinchó muchísimo el abdomen; un dolor terrible; la llamé a mi mamá que me mandó plata para que regresara a Buenos Aires; no lograron diagnosticarme, pero el episodio pasó; hace un año, haciendo unos estudios por mi esterilidad me dijeron que tuve tuberculosis en zona pélvica. La consecuencia del hambre, del frío, del esfuerzo brutal; tu cuerpo gritando lo que vos no te permitías; tu fortaleza sorprendente quedó a la luz, pero mandaste a la sombra la emocionalidad, la ternura, la fragilidad. Fue una señal para mí dice abandoné la danza. Imposible ir rápido con esta vida, piensa él y retoma la cronología. Ya en Buenos Aires volvió a trabajar con sus anteriores patrones. Le permitieron estudiar bachillerato acelerado e inglés. En dos años se recibió. Entró como secretaria en las oficinas de su patrón. ¿Seguías viviendo con ellos? No, empecé a ganar muy bien; alquilé un departamento con una amiga; hice un curso de un año de Negocios Internacionales; para mi gran sorpresa salí primera de mi promoción; éramos como treinta. Fijate vos como durante veinte años tus capacidades intelectuales fueron relegadas, nadie se ocupó de investigarlas ni desarrollarlas. Él recuerda la necesidad de acelerar. ¿Existió alguna pareja durante estos años? ¡No tenía tiempo! se ríe. Las rocas no precisan compañía le recuerda él. En realidad, salí con algunos hombres. Seguramente solo sexo arriesga él. Solo sexo acuerda ella y luego de una pausa agrega hasta que conocí a mi marido. Al fin llegamos, piensa él e informa lo abordaremos la próxima. Pienso concederle solo una sesión bromea ella. Pero él recibe el mensaje.

 

Gustavo se queda pensando en Andrea. La energía de esta mujer es desbordante. Derrama entusiasmo. No es solo lo que cuenta sino cómo lo cuenta. Oyéndola, uno piensa que es capaz de conseguir cuanto se proponga. Sin embargo, su cuerpo le está diciendo que no. El cuerpo de Andrea habla por ella, evalúa. ¿Está capacitada para ser madre?, ¿una madre piedra? Tantas madres circulando sin tener certificado de aptitud. ¿Y yo?, se plantea, ¿podré ser de nuevo padre?, ¿soy el padre que precisan mis dos hijos adolescentes? Está repentinamente agotado. Por suerte el tratamiento de Manuel no le genera mayores dificultades. Otro nivel energético.


 

lunes, 23 de marzo de 2026

213

 




213

Miércoles 14

Santiago entra, apurado. Perdón por la demora pide. ¿Tomy no te dejó dormir? pregunta él con sorna. ¡Al contrario!, durmió por primera vez toda la noche y se despertó recién a las nueve y como yo ya no pongo el despertador… Brindemos propone él llamando al mozo. Todavía no llegó el café cuando Santiago, sin preámbulos, pregunta ¿qué decidiste? Él piensa, otra vez, ridículamente, que en el momento en que lo diga ya no habrá vuelta atrás. Aunque ya hace una semana que no hay vuelta atrás. Vamos a tenerlo informa al tiempo que él mozo deposita las tazas sobre la mesa. Este sí que es motivo para un brindis exclama Santiago levantando su pocillo. Él eleva el suyo con desgano. Macho, ¿por qué esa cara? pregunta su amigo. No logro estar contento se sincera él. Pero ahora sos vos el que tomó la decisión, ¿o me equivoco? Él afirma con la cabeza. Sería más fácil si la responsable hubiera sido Cecilia dice. Claro, así te quedaba el recurso de la queja al que sos tan afecto. Él se sorprende del comentario de su amigo, ¿Ana María le pasó letra? ¡Pues yo estoy muy contento! exclama Santiago Tomy tendrá un amiguito y ya no podrás cargarme por mis desventuras de puérpero; además, a pesar de las restricciones del sueño y del sexo, estos meses han sido una maravilla; me emociona ver a Tomy crecer, descubrirle rasgos míos. ¡Pobre pibe! ríe él por suerte es la cara de la madre. Mi vieja dice que es mi calco. Para darte el gusto. Hace mucho que no lo ves le recrimina Santiago. Es cierto; estuve muy ocupado con lo de mi viejo. No busques excusas, estás en otra, hermano, metido para dentro. Su amigo es un crack. Me conoce del derecho y del revés, piensa. ¿Cómo se lo tomaron los chicos? pregunta Santiago. No saben; esperaremos a los tres meses, todavía no se lo dijimos a nadie. Deduzco de tus dichos que yo soy nadie para vos. Vos sos todo para mí confiesa él y su amigo sabe que no es una broma porque, al instante, los ojos se le empañan. Mirá que sos pelotudo dice me vas a hacer llorar.

 

Gustavo entra al consultorio con un paquete entre las manos. Va hasta la cocina, busca un plato y extrae del envoltorio dos empanadas. Se sirve un vaso de soda, se lava las manos y se sienta. Me gusta almorzar solo, piensa. Prueba de que suele estar acompañado. Recuerda a Manuel. La soledad se disfruta cuando es un bien escaso, decide. En unos cuantos meses será escasísimo. Inexistente. Otra vez el peso de su decisión, aligerado tras su encuentro con Santiago, lo abruma. Al menos ya decidí, se consuela, la semana pasada estaba peor. Están buenas las empanadas. No se dio cuenta de que tenía tanta hambre, debiera haber comprado tres. O cuatro. Lava el plato y prepara café. ¿Cómo se sentirá Cecilia? A la mañana estaba con náuseas. Busca el celular. Está tecleando un WhatsApp cuando lo borra y la llama. Tiene ganas de escucharla. Necesidad, admite.


 

223

  ¿Te acordás que te dije que mi papá me había cancelado la salida al cine? Son las primeras palabras de Ema. Sí, hace ya dos semanas re...