¿Te acordás que te dije que mi papá me había cancelado la salida al cine? Son las primeras palabras de Ema. Sí, hace ya dos semanas responde él. Después de eso no volvió a comunicarse conmigo. ¿No tenés días fijos para verlo? En principio sí, pero casi nunca se cumplen, desde que está con Sandra no se cumplen. Él calla. Mamá al principio le reclamaba, pero ya no. ¿Por qué no? Porque yo le pedí que no lo hiciera, me hacía peor escuchar las discusiones que no verlo. Quiere decir que tu mamá respeta tus deseos. La chica hace un gesto de fastidio. Sí, ya te dije que siempre me escucha, que demasiado me escucha. Sigamos con tu papá propone él. ¿Sabés qué me pasó? pregunta mirándolo fijo estaba enojada, muy enojada; es raro porque antes solo me ponía triste. ¿Antes de qué? Ema se endereza en el diván y se queda unos segundos callada. No había pensado antes de qué mira el piso y agrega supongo que antes de empezar a… se interrumpe antes de empezar a charlar con vos. Él experimenta una gran satisfacción. ¿Cómo es eso? pregunta. Antes…, cuando era chiquita, aclara pensaba que, si mi papá no tenía ganas de estar conmigo, la culpa a lo mejor era mía, que yo era aburrida o tonta o mala o vaya a saber qué y por eso no podía hacerme querer; pero últimamente me di cuenta de que yo no soy la culpable, porque además todos los demás me quieren. ¿viste?, yo soy de hacerme querer, las mamás de mis amigas me adoran, las maestras antes, las profesoras ahora, también; él es mi papá y él tiene que ocuparse de mí, aunque no me quiera, porque es un adulto y soy su responsabilidad; por eso me enojé. Gustavo se cerciora de que ella no seguirá hablando y pregunta ¿vos sentís que tu papá no te quiere? Al instante los ojos de la chiquilina se llenan de lágrimas. La pucha dice de nuevo estoy llorando. Ya hablamos al respecto, Ema, celebro que puedas comunicar tus emociones, no necesitás ser como tu abuela. La chica sonríe entre las lágrimas. Vos te acordás de todo afirma. Te escucho con atención responde él, complacido. ¡Como mamá! exclama la chica y ahora ríe. Él deja pasar unos segundos y reitera la pregunta ¿sentís que tu papá no te quiere? La chica, ya sin lágrimas, se queda pensando. Cuando está conmigo me trata bien, es cariñoso; el tema es que no necesita pronuncia el necesita con intensidad estar conmigo. Quizá te aflige que él no registre tus propias necesidades. ¡Sí!, no se da cuenta de que yo me pasé cada uno de los diez días esperando que me llamara; y eso antes me daba pena, pero ahora me da mucha rabia dice inclinándose hacia adelante, los brazos cruzados sobre el abdomen. Como permanece en silencio, Gustavo acota creo que acabás de enunciar la clave. La chica se endereza y lo mira con atención. ¿Cuál? pregunta. Dijiste que no se daba cuenta. Ema frunce el entrecejo. ¿Cuándo alguien no se da cuenta de algo qué hay que hacer? le pregunta él. ¡Decírselo! exclama ella inmediatamente. Él asiente con la cabeza. ¿Y cómo? pregunta la chica. ¿Qué se te ocurre? Ema se queda pensando. Puedo escribirle un mensaje por Wapp, puedo mandarle un mail, puedo llamarlo por teléfono al estudio ahora se sienta como indio también puedo pasar por el estudio, queda cerca de la casa de Malena y justo mañana voy. Veo que sos una muchachita con muchos recursos dice él sonriendo. La piba mira el reloj. 16.58 dice la semana que viene te cuento y levanta la palma de la mano. Él se la choca. Hecho dice. El portero eléctrico suena.
Se deja caer sobre el diván. Estoy de buen humor, piensa. Recuerda la cita acordada con su hijo para el próximo miércoles. Él no me demandó nada en tantos años de indiferencia, reflexiona, y yo, como el padre de Ema, estuve al margen de las necesidades de mi hijo. Registra, también, que lo invitó a comer porque él tenía necesidad de fortalecer el vínculo no porque pensara que el chico lo precisara. El buen humor se le diluye en un instante. Mucho para trabajar en mí, reconoce.


