Hoy le toca a mi marido dice Andrea en cuanto se sienta y ríe. Es muy graciosa, expresiva, ampulosa en sus movimientos. Agita sus brazos como una medusa, piensa Gustavo. Contame cómo lo conociste. Yo ya tenía veintidós años; había empezado a trabajar en la empresa inglesa donde aún continúo; hubo una reunión en el consulado, hete aquí que el cónsul inglés resultó ser el padre de George que, en ese momento, estaba de vacaciones en la Argentina, ya se había recibido de profesor de letras, especializado en literatura española; charlamos, nos gustamos y allí empezó todo. Como Gustavo no pierde de vista la urgencia de ella pregunta ¿te emparejaste con un igual, potente y tiraron juntos para adelante o con un complementario que te aportó algo de blandura y, sobre todo, no coartó tu libertad? ¡Segunda opción! Andrea lo describe. Un inglesito formal, educado, respetuoso, tierno, tímido. No se animaba a darme un beso, ¡casi tuve que obligarlo! ríe ahora a carcajadas. Te lo pusiste al hombro desde el principio arriesga él. ¡Ni me lo digas! exclama. ¿Cómo siguió el vínculo? Él regresó a Inglaterra, no te podés imaginar las cartas que me escribía, romanticismo puro; yo estaba encantada, nunca me habían tratado así; unos seis meses después la empresa nos propuso a los recientemente incorporados hacer un curso de perfeccionamiento de inglés intensivo de dos meses en Londres; se lo conté a George que me ofreció ir a vivir a su casa; su padre, luego de cuatro años, ya había cesado en su cargo; no lo pensé ni dos minutos ríe nuevamente no te imaginás lo que era la casa, ¡un palacio!, y no me cobraban ni alojamiento ni comida; eso sí, dormíamos en cuartos separados. ¿No tuvieron sexo durante esos dos meses? Sí, los padres tenían bastante vida social, así que esas noches éramos libres. ¿Qué te atraía de George? Su sensibilidad, sus detalles, su protección.; en realidad yo estaba enamorada de su padre vuelven las carcajadas broma, ¿eh? Andrea le cuenta que era un hombre potente, arrasador. Como vos acota él. Sí, hicimos muy buenas migas. La suegra era una mujer sensible, lenta, tradicional, muy inglesa, de moral victoriana, disciplinada. Como el hijo comenta Gustavo. Sí, me sigue fastidiando la falta de espontaneidad de George; quiero hablar de algo y me dice: “no, ahora no, ya son las veinte, mañana”. Gustavo le muestra que, desde sus diferencias, se complementan. Él te da seguridad, ternura; vos aportás el empuje, la energía. Recuerdo una vez, durante el desayuno, que charlé largamente con mi suegro; en un momento lo miró a George y le dijo: “esta mujer es de armas llevar, te va a hacer correr”; pobre, ¡todavía está corriendo! exclama ella entre risas. Ella regresa a Buenos Aires, cuenta Andrea, y meses después él viaja y hacen una boda sencilla, porque él tenía doble nacionalidad. Se instalan en el departamento de ella y él viaja periódicamente a Londres mientras gestiona horas de cátedra en la Universidad de Buenos Aires. Pareciera que vos fuiste el motor de todos estos cambios sugiere él. Sí, yo proponía, él ofrecía leve resistencia y luego se plegaba a mis decisiones confirma riendo. Cuando te pregunté qué te atraía de él no mencionaste la atracción física abre el ruedo Gustavo. No diría que ha sido fuerte de nuestra pareja admite ella George siempre ha sido… busca la palabra… tibio; luego de la muerte de su padre, meses después de nuestro casamiento, más aún; menos aún se corrige riendo. ¿A vos te alcanzaba? Estaba demasiado ocupada trabajando se justifica. Allí colocabas tu líbido. Ella asiente con la cabeza. Yo escuchaba a mis amigas quejándose de que no podían sacarse a sus maridos de encima. ¿Qué te generaba escucharlas? Intuía que algo no andaba bien, pero puse el tema en un armario. ¿Él ya vivía en Buenos Aires? Sí, compramos un lindo departamento de tres ambientes con la herencia de su padre; él trabajaba pocas horas, no lo precisaba porque recibía una renta mensual por propiedades en Inglaterra, hijo único él además; yo fui ascendiendo en mi carrera, cada vez me exigía más tiempo; él se ocupaba de la casa, siempre fue un excelente cocinero; no es poca cosa llegar reventada y encontrarse con la cena preparada. La comida caliente y la cama fría arriesga él. Ella asiente, seria. ¿Vos planteabas el tema? Lo intenté un par de veces, pero él se resistía; después de esas demandas se activaba un poco ríe nuevamente además, empezó a beber más, había arrancado luego de la muerte de su padre, cuando tomaba estaba más apático aún. No parece el marco ideal para engendrar un niño sugiere él. ¡Al fin llegamos al tema! exclama ella. Él mira el reloj. A eso nos dedicaremos en nuestro próximo encuentro informa levantándose. Próximos lo corrige ella y agrega, extrañamente seria mucho para contar. Él la despide junto al ascensor. Por primera vez la percibe vulnerable.
Revisa la ficha de Manuel. ¿Qué estará trabajando Ana María con su hermana? Le gustaría poder charlarlo con ella, pero no corresponde. Ya no es mi control, se recuerda y recuerda también cuánto lo ayudaba discutir los avances y retrocesos de sus pacientes con ella. Pero más la preciso como terapeuta personal, decide. Ella sabe conducirme, reconoce, ella impide que vuelque. ¡Qué comentario tan poco profesional!, se reta, ni que fuera un autito en una pista de Scalextric. El timbre lo sobresalta. Pone la vajilla que quedó del almuerzo en la pileta y acude a atender.

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