Le
llama la atención el olor a frito, Cecilia es muy poco afecta. La encuentra
friendo milanesas. Qué raro que no las hiciste al horno comenta él y
luego la besa levemente en los labios. Los quiero tener contentos
explica ella y él va a preguntarle por qué cuando recuerda el compromiso de
contarles a los chicos. En otra sartén ella comienza a freír las papas
previamente cortadas y envueltas en un repasador. Lacán ladra desde el cuarto
de Nacho. El chico le abre y dice hola, pa. Él acaricia al perro que se
abalanza. Hola, papi grita Martina a través de la puerta cerrada. Él se
dirige al baño y luego va al dormitorio y se tira sobre la cama. Está agotado.
Y como cada vez que registra su cansancio se pregunta cómo resistirá a un bebé.
Cierra los ojos. Lo sobresalta el grito de Cecilia. ¡A comer! Los
encuentra a los tres sentados. Ma, ¡qué nivel! exclama Nacho ¿qué se
festeja? Él cruza una breve miradas con Cecilia. Ella solo dice coman
que se enfría. Las milanesas arrasadas, Cecilia trae un flan. Voy a
buscar el dulce de leche comunica Martina parándose. Sí, definitivamente
se festeja algo concluye Nacho cuando su hermana le tiende el pote y
mirándola a la madre indica dale, ma, contá de una vez de qué se trata.
Cecilia inspira hondo e informa estoy embarazada. Silencio. Silencio
roto instantes después por Martina. Es broma, ¿no? Es en serio comunica
él. No puede ser dice Martina tenés cuarenta años, mamá, no es una edad
para tener hijos. Parece que tu hermano no consideró lo mismo replica
Cecilia. ¡Yo no dije nada! se ataja Nacho. Me refiero al hermano por
venir. Yo no preciso otro hermano, con Nacho me basta y sobra; yo no quiero
otro hermano; ¿en qué estaban pensando?, ¿dónde se supone que lo van a poner?,
ni sueñen en encajármelo a mí; no lo puedo creer dice de un tirón la
chiquilina y luego se levanta, corre la silla con brusquedad y se encierra en
su cuarto. Es él quien no puede creer semejante reacción. ¿Esa es su
dulce hijita? Cecilia amaga incorporarse. Dejala, ma indica Nacho ya
se le va a pasar. Los ojos de su madre se humedecen. Ahora el chico lo
encara a él. ¿Buscaron este bebé? pregunta. No contesta él
llegó. ¿Estás contento con la… sorpresa? insiste Nacho mirándolo de frente.
Él no quiere mentirle por eso calla. ¿Estuviste de acuerdo con continuar el
embarazo? Gustavo se siente en el banquillo de los acusados. Los ojos de su
hijo son dos brasas que le queman. Sí contesta porque no está faltando a
la verdad tu madre me dejó la decisión a mí. Sí, me imagino que ella sí
estará contenta gira entonces hacia ella ¿me equivoco, ma? No, no te
equivocás. El chico se queda en silencio un buen rato y luego dice yo sí
estoy contento; es muy triste para un bebé no ser deseado esto último lo afirma
mirándolo de nuevo a él, después se levanta y abraza a su madre. Te
felicito, ma dice y luego se dirige a su cuarto. En el pasillo se da vuelta.
Ojalá que sea un varón dice. Después retoma su camino. Se escucha el
ruido de la puerta al cerrarse. Cecilia llora. Él se levanta y también la
abraza.
Escucha ruidos en el pasillo. Él se sienta en la cama y aguza el oído, nada ahora. Se incorpora y sale. La puerta de Nacho está abierta. La de Martina, cerrada. Apoya el oído. Sus hijos hablan, pero él no logra descifrar palabra. Regresa a su dormitorio y se duerme. Un pequeño ruido lo despierta. Aprovechará para ir al baño. Avanza descalzo, no quiere despertar a Cecilia, le costó mucho dormirse. Estaba muy angustiada. Al abrir la puerta descubre un papel deslizado por abajo. Lo agarra. Va al baño, enciende la luz y lee. La letra de Martina. Solo dice Perdón.

