Una semana ya sin Martina y no se acostumbra a
ver tres platos sobre la mesa. Cuando no fueron solo dos porque ¿casualmente?
Nacho comió afuera varias noches. Un rato después, ya alrededor de la mesa,
Cecilia pregunta ¿cuándo tenés finales? a lo que Nacho responde Análisis
el 20 y Álgebra el 23; a partir de la semana próxima, olvídense de mí; un
compañero consiguió un departamento y allí nos atrincheraremos hasta rendir.
¿Se van a quedar a dormir? Sí. ¿Cuántos son? pregunta él. Cuatro.
¿Varones? Tres varones y una chica responde su hijo mirando el plato.
¿La chica es Paula? averigua Cecilia. No jodas, ma. Veo que sí, que es
Paula comenta ella sonriendo. Me alegra que tengas con quien estudiar;
hay personas que no logran integrarse a un grupo comenta él. ¡Yo siempre
fui muy sociable! exclama el chico eso no es novedad. Me está
acusando de no conocerlo, evalúa él, que va a replicarle cuando decide que no
tiene sentido. De todos modos, el clima se tensó. Siguen cenando en silencio. Está
carne está zarpada, ma lo rasga Nacho. Veremos si en ese departamento se
come tan bien dice ella. Difícil, a menos que algún día quieras
contribuir. El rostro de Cecilia se anima. ¡Por supuesto! exclama encargame
lo que quieras. Voy a romperla; gracias, ma. ¿Me servís un poco más? pide
él es una manteca. La compré en COTO informa ella. ¿Supieron
algo más del bebé? pregunta intempestivamente Nacho. Ellos cruzan una
mirada. No contesta Cecilia me hacen una ecografía la semana próxima.
¿Dónde va a dormir? inquiere el chico. Por unos meses con nosotros
responde ella pero ya estuvimos pensando en comunicar la habitación de
servicio con nuestro dormitorio, están pared con pared. Nacho se queda
pensando. Luego dice para que no tengan que hacer una obra, yo me puedo
mudar a ese cuarto y dejarle el mío al bebé. Pero es muy chico
interviene él, sorprendido. La ventaja es que es más independiente; hasta
baño propio tiene; además, yo no me voy a quedar mucho tiempo viviendo aquí.
¿Cómo es eso? lo interrumpe la madre, ladeando la cabeza. Ya tengo
diecinueve años; estuve hablando con el abuelo; me prometió que, siempre que no
descuide los estudios, me puede emplear en la fábrica; con eso me podría pagar
el alquiler de un departamentito; estuve hablando con Fabricio, un compañero de
la facultad; él también quiere mudarse el año próximo; por el momento es solo
un proyecto, pero tengo muchas ganas. ¿Estás incómodo acá? pregunta
Cecilia ya sabés que podés invitar a quien quieras. No, ma, no eso. ¿Es por
la llegada del bebé? inquiere él. No, pa, tampoco; lo vengo pensando de
antes. Y esto terminó por decidirte… arriesga él. El chico hace un gesto
despectivo con la mano y luego le tiende el plato a Cecilia dame el pedazo
que tenga más grasa y un par de papas, porfa. Ella accede en silencio. No
tiene buena cara.
Cuando entra al dormitorio
Cecilia ya está acostada y, en cuanto lo ve, se incorpora y pregunta ¿qué me
contás de lo de Nacho? Está creciendo responde él que no pudo dejar de
pensar en el tema bajo la ducha. ¿Tu viejo te comentó algo? Nada, una tumba;
no entiendo cómo este chico tiene un vínculo con él que yo nunca tuve.
Afortunadamente comenta ella creo que les hace bien a los dos. A mí no
me gusta que dependa de su abuelo laboralmente. Quizás es solo el empujón
inicial. No dice él, de mala manera desde que es chico que el viejo ha
intentado captarlo. ¿Estás celoso? Claro que no responde él, aunque se
plantea que tal vez su mujer esté en lo cierto. ¿Celos del afecto de su hijo
por su padre?, ¿o de que su padre quiera a ese nieto como nunca lo quiso a él?
Cecilia se acuesta nuevamente. A lo mejor la idea de Nacho de cambiar de
cuarto es buena comenta. Nos resolvería un problema acota Gustavo pero
no sé si corresponde. A lo mejor le hace bien hacer algo por su hermanito;
¿viste como insistió con que es triste para un bebé sentirse no deseado? Él
se siente incómodo, muy incómodo. Voy a hacerme un café dice ¿querés
algo?
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