Mientras sube en el ascensor sus nervios se van tensando. ¿Cómo encarar a Nacho?, ¿podrá saludarlo como si el almuerzo no hubiera existido? Ya frente a la puerta inspira hondo. No tiene más remedio que entrar. Él único que viene a saludarlo es Lacán. Encuentra a Cecilia poniendo la mesa. Él la besa en la mejilla. ¿Cómo estás? pregunta. Bien, por suerte contesta ella y le hace señas para ir a la cocina. Allí ella dice le tenemos que contar a los chicos; Martina me tiene loca con cómo me siento, cuánto como. Hoy no dice él, rotundo, sorprendiéndose a sí mismo. Ella lo mira levantando las cejas. ¿Por qué no? pregunta. ¡Pa!, ¡vení! le llega el grito de Nacho. Alivio por la prórroga, nervios por tener que enfrentarlo. ¡Voy! grita a su vez. Instantes después golpea la puerta del chico. Hola, hijo saluda. Hola. Se instala un molesto silencio. Quería pedirte que no le cuentes a mamá lo que charlamos hoy pide Nacho enfrascado en la pantalla de su computadora. De acuerdo accede él. Ahora es la voz de Martina quien lo salva ¡a comer! Él va a lavarse las manos y luego se suma al trío ya sentado. Cecilia le alcanza su plato. Filet de merluza y puré. Justo hoy pensé que hacía mucho que no comía pescado. ¿Qué almorzaron hoy? pregunta Cecilia. Milanesa napolitana a caballo contesta él. ¿Dónde? averigua Martina. ¿Qué?, ¿son del FBI? pregunta Nacho, fastidiado. En La Farola contesta él obviando el comentario. ¿Cómo la pasaron? insiste Cecilia. Nacho le clava los ojos. Bien contesta él estaba buenísima y para desviar la conversación pregunta Ceci, ¿cómo sigue tu mamá? Ella lo mira levantando las cejas bien, ya hace rato que está bien. Las chicas están organizando una piyamada para el viernes, ¿puedo ir? pregunta Martina. Locación, horario, participantes, qué llevar, son temas que van desfilando y que él celebra. Nacho en absoluto silencio, aparta su plato casi lleno. ¿No te gustó? le pregunta la madre. ¡Es que seguro que hoy comió como un cerdo! exclama Martina. Él queda en alerta. El almuerzo otra vez sobre la mesa. No me jodas dice el chico levantándose. ¿Y yo qué le hice? pregunta Martina mientras mastica está buenísimo el puré, mami, le pusiste mucha nuez moscada como a mí me gusta. Cecilia está seria.
Ya en el dormitorio Cecilia comenta Nacho estaba muy raro, ¿pasó algo hoy? Él se inquieta. Más allá de la solicitud del hijo, él tampoco quiere hablar del almuerzo. Agradece la petición del chico que lo exime de ocultarle información a su mujer. Nada en particular contesta él. ¿De qué charlaron? insiste ella. De la facultad, de la fábrica miente él estábamos muy ocupados en masticar. Me alegra mucho que hayan salido juntos dice ella gracias. ¿Gracias? pregunta él, sorprendido. Hace diecinueve años que estaba esperando este momento. Él se siente incómodo, muy incómodo. ¿Te traigo un té? propone. Ella se encoge de hombros. Parece desanimada. Dale contesta con limón. Él le roza la mejilla con la mano antes de salir. Cuando abre la puerta se topa con Lacán. ¡Qué hacés aquí!, casi me hacés caer. El perro le lame la mano. Él lo aparta. Cuando regresa con el té recuerda la propuesta de su amigo. Me comentó Santiago que hacía mucho que no nos veíamos, sugirió que combinábamos para el fin de semana ante la mirada indiferente de Cecilia pregunta ¿tenés ganas? De acuerdo contesta ella. Arreglá con Marisa, entre mujeres se entienden. Ella cabecea.

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