Cuando
escucha el timbre, el agua ya hierve. Gustavo baja el fuego y acude a atender.
Marcelo le da la mano y entra al consultorio. Voy a buscar el café
informa él. Veo que me estabas esperando replica el hombre y agrega da
gusto venir aquí. Él sonríe complacido y se dirige a la cocina de la cual
regresa, minutos después, con ambas tazas que deposita sobre la mesita. Estuve
con Patricia informa Manuel, pocillo en mano. Te escucho. Le propuse
encontrarnos y se resistió hasta que le dije que tenía que comentarle algo
sobre mis hijas; anteanoche tomamos un café en la esquina de su casa; se había
arreglado, pensé que eso era un buen indicador; tenía mejor cara; le conté que
había hablado con Agustina y le agradecí el “empujón” hace gesto de
comillas con las manos que ella me había dado; me pedía detalles y más
detalles sobre la reacción de Agustina y también sobre cómo lo había llevado
Matilde; me pareció estar hablando con ella como antes; “¿Agustina te
perdonó?”, me preguntó; me hubiera gustado decirle que sí, porque quizás eso
ayudaría a su propia absolución pero no me quedo más remedio que contarle, de
paso te lo cuento también a vos, que hace una semana que Agustina casi no me
habla, casi no habla, parece un fantasma; no sé qué hacer concluye Marcelo
pasándose las palmas de las manos por el rostro. Vamos por partes
intenta él organizar el relato termina de contarme de Patricia. El
hombre se descubre la cara. No sé qué decirte; al menos aceptó el encuentro;
parecía interesada por mis hijas, si yo ya no le importara, menos aún tendrían
que importarle ellas; insistió con que en algún momento debería contarles a sus
propios hijos de la existencia de Lorena, yo me quedé callado; después recibió
un mensaje y dijo que se tenía que ir; en el momento de despedirnos, me felicitó
por haberme atrevido a blanquear la situación con Agustina; beso en la mejilla
y eso fue todo; no quedamos en nada. ¿Y cómo te quedaste vos? Marcelo
se toma unos segundos, luego responde esperanzado y calla. Vocablo
interesante solo acota él. Quizá me monto en la esperanza para poder
transitar este nuevo duelo; me llevó un año empezar a remontar el de Diana, no
estoy en condiciones de asumir que otra vez perdí a una mujer amada. ¿Tan
seguro estás de tu amor a Patricia?, ¿no será un intento desesperado de llenar
tu soledad? El hombre menea la cabeza. La quiero, Gustavo; pocas
veces en mis cincuenta y dos años tuve la certeza de haberme enamorado; mi
primera noviecita, décadas después Diana y ahora, Patricia. ¿Feldman? Marcelo
sonríe. Esa chica fue solo un salvavidas en mis horas más negras; no dejó
rastros en mí. ¿Qué pensás hacer? No sé responde el hombre, ahora serio
las mujeres siempre se acercaron a mí, armaron el vínculo; nunca necesité
desplegar estrategias para seducirlas; no quiero parecer engreído, pero el
seducido, en los muchos otros vínculos intrascendentes que tuve, también fui
yo; no sé cómo actuar. Gustavo sonríe. Interesante repite el
adjetivo prueba a la que te somete el ¿destino?; pasados los cincuenta
deberás descubrir la manera de lograr, activamente, recuperar, en este caso, un
lazo perdido; solés ponerte en un lugar pasivo, las cosas te suceden, vos no
tenés responsabilidad, creo que llegó la hora de que te conviertas, y es justo
reconocer que empezás a hacerlo, como protagonista de tu vida; seguramente has
desplegado en estos años recursos, de los que no sos consciente, que te
permitieron ser el buscado, el conducido; deberás ahora, desplegar otro
tipo de recursos. Marcelo resopla. Ya tengo suficiente trabajo como para
tener que trabajar también en esto dice, sonriente. Crecer es laborioso
acota él y mira el reloj. No quisiera que terminara la sesión sin que
habláramos de Agustina dice. Marcelo resopla nuevamente. No sé qué hacer
con ella dice. Otros recursos que deberás desplegar y conste que has
hecho notables avances en tu rol paterno. No alcanzan; mis hijos cada día me
proponen un nuevo desafío. Volvamos a Agustina. Está tan triste que me estruja
el alma saber que es por mi culpa. A ver, a ver…; en este caso tu única culpa
es haber retenido la información; no sos directamente responsable de lo
ocurrido; por eso confío en que tu hija terminará comprendiéndolo; es más
sencillo estar enojada con vos que con la memoria de su madre. Marcelo
asiente con la cabeza. No lo había pensado así; quizá tengas razón. ¿También
sigue enojada con Matilde? Matilde no me dijo nada, pero me da la sensación de
que están distantes; menos intercambio en el auto, en la cena. Quizás es una buena
oportunidad para que intentes acercarte a Matilde, conversar. ¡Todas tareas
fáciles me proponés!, ¡Matilde es una fiera! Gustavo levanta ambas palmas.
Y a las fieras se las suele amansar con cariño comenta. A falta de una,
tengo tres mujeres a reconquistar. Confío en tus incipientes recursos dice
incorporándose. Marcelo también se levanta. Ya en el palier se despide con un gracias por
tu confianza.
miércoles, 10 de junio de 2026
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