miércoles, 29 de abril de 2026

228

 



Hoy toca hablar de mi maternidad, bah, de mi no maternidad arranca Andrea ni bien se sienta. Contame pide él. En cuanto nos casamos yo dejé de cuidarme informa ella ya pasados dos años empecé a preocuparme. Ya hablamos la sesión pasada de que el sexo era pobre; no se tiene la misma posibilidad de embarazarse teniendo relaciones dos veces por mes que cinco veces por semana. ¡Cinco veces por semana?, ¡jamás! exclama sonriendo por primera vez y luego agrega fui al ginecólogo, me revisó, me hizo hacer unos análisis y me tranquilizó; además, al mismo tiempo, me ofrecieron el cargo de directora de una filial en Pilar. ¿Aceptaste? ¡Obvio! ¿Lo consultaste antes con George?, porque supongo que eso descompaginaría bastante el ritmo familiar. Lo iba hacer igual, pensara él lo que pensara; me encontré con veintiséis años con la responsabilidad de reestructurar la empresa, con gente mucho mayor a mi cargo; un trabajo enorme dice acompañando la palabra con un gesto de sus manos, luego apoya la frente en sus manos y agrega yo cada vez me hacía más grande y a él lo veía más chiquito; pero en cuanto me habitué al nuevo lugar el tema de la maternidad se hizo acuciante; siempre quise ser madre, me encantan los niños, se me da bien con ellos; fui entonces a otro ginecólogo. A lo mejor no era el momento más adecuado para embarazarte, con un trabajo tan estresante. Ella cabecea. Yo tenía la certeza de que si quedaba embarazada largaría todo dice, rotunda y añade fui al ginecólogo y allí comenzó la odisea; me hicieron estudios dolorosísimos, descubrieron que tenía las trompas tapadas, intentaron destaparlas pero fracasaron; me hicieron dos fertilizaciones in vitro, fracasaron; descubrieron la lesión abdominal que ya te comenté quizá producto de la tuberculosis; la operaron; luego me seccionaron las trompas cuenta y se sirve un vaso de agua. Tremendo el costo físico de todos esos años acota él ante su silencio. Sobre todo emocional lo corrige ella mi marido lo minimizaba, “si no es, no será” decía y agrega además me sentía culpable por no ser capaz de darle un hijo. Me parece que en esta oportunidad, como en tantas otras, el deseo era tuyo, la empresa era tuya. Ella se encoge de hombros. Luego de la quinta fertilización, imagínate, dolores, hinchazón del cuerpo por las hormonas, una fortuna, además, decidí que la sexta sería la última; no resistía más, me sentía morir; quedé embarazada de ¡mellizos!; me indicaron reposo absoluto; primero se murió un embrión y a las nueve semanas, el otro; me recuerdo en la bañera, llorando, por horas; hasta pensé en suicidarme. Él está tan abrumado que no encuentra qué decir. ¿Cómo atravesó la pareja todas estas vicisitudes? pregunta. Ella se queda pensando. Yo me sentía muy sola; si el sexo antes había sido pobre durante todos estos años desapareció; él no entendía, no entiende, lo que significa para mí no poder ser madre; no sé por qué es tan fuerte, no va con como soy yo; él dice que igual podemos ser felices, ¿felices?, ¿alguna vez fuimos felices? se pregunta ella con una voz que él le desconoce. Parece que aquí no está en juego solo tu imposibilidad de embarazarte sino también el funcionamiento de tu pareja.  Ella cabecea. Eso es lo de menos disiente lo que no me deja disfrutar de la vida es mi útero vacío, mis brazos vacíos.  Él la ve tan desvalida que le resulta difícil calzar esta imagen con la previa. Cuando lo conocí a George enseguida pensé que me gustaría que fuera el padre de mis hijos; más aún cuando conocí a la familia; ese padre y esos abuelos dice ella y calla. Y ahora te encontrás que ese motivo para estar junto a él desapareció. ¡No! exclama ella yo quiero adoptar. Dijiste yo, no nosotros registra él. A George le da mucho miedo, pero te imaginarás, conociéndome, que no me voy a detener hasta convencerlo. ¿No contemplás la posibilidad de adoptar en soledad? Ella se queda reflexionando. Luego de unos minutos comenta por un lado, es más difícil que me otorguen una criatura; por otro, yo ya crecí sin padre, no quisiera lo mismo para mi hijo. El portero eléctrico los sorprende. Nos pasamos dice Andrea incorporándose. Nos vemos el miércoles le dice él frente a la puerta abierta y le oprime fuerte un brazo. Gracias a su locuacidad y su energía logró apartar la imagen de Nacho. Llega el ascensor del que desciende Manuel.

1 comentario:

  1. Es tan difícil de transmitir a otros lo que se siente cuando el deseo de un hijo es tan fuerte y no llega…

    ResponderBorrar

228

  Hoy toca hablar de mi maternidad, bah, de mi no maternidad arranca Andrea ni bien se sienta. Contame pide él. En cuanto nos casamos y...