lunes, 27 de abril de 2026

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Diciembre 2018

Miércoles 5


 

¿Se puede saber por qué me hiciste madrugar? pregunta Santiago, reclinado contra la pared eso no se le hace a quien pasa buena parte de la noche acunando a un bebé; ya me vengaré cuando te llegue el momento y Tomy ya sea un niño disciplinado. ¿Pediste? pregunta Gustavo estoy en ayunas, salí corriendo. ¿Y a qué viene entonces tanto apuro? Gustavo le hace una seña al mozo. Es que hoy almuerzo temprano con Nacho porque después tengo consultorio. Santiago oscila la cabeza ladeada. Eso sí que es nuevo, ¿a qué se debe tan magno evento? Hoy no te tengo paciencia dice él al tiempo que le pide al mozo un café con leche con dos medialunas de grasa. Lo mismo para mí indica su amigo. Además de boludo, copión chancea él. En serio dice Santiago ¿algún motivo en especial? No, o sí se corrige me di cuenta de que muchas veces merendé a solas con Martina, pero nunca con Nacho. Sos una luz, te llevó solo unos diez años darte cuenta; yo sí lo había notado. ¿Y por qué no me alertaste? ¡Cómo suponer que no eras consciente!, sos vos el psicólogo. El mozo llega con las tazas. Gustavo aprovecha la interrupción para cambiar de tema. ¿Cómo anduvo la semana? pregunta. Mucho trabajo, Tomy hinchón y en consecuencia, abstinencia; ¿vos? Qué sé yo, te diría que bien, aunque hubo muchos quilombos en la fábrica. ¿Qué pasó? Los miércoles la fábrica no es tema de conversación. Tendré que llamarte mañana para que me cuentes bromea Santiago y luego propone ¿por qué no arreglamos para encontrarnos los cuatro el finde?; hace mil que Marisa y yo no salimos. Dale contesta él le digo a Cecilia que la llame y que combinen. Veré si puedo encajarle el crío a mi madre. Gustavo piensa que en unos meses será él quien precise asistencia. Mamá está grande para cargar bebés, se dice, todos estamos grandes.

 

Cuando llega se encuentra a su hijo en la puerta de La Farola. Qué raro que no elegiste Burgios o Mac dice él mientras lo besa. Es que no se puede hablar tranquilos contesta, para su sorpresa, Nacho. Se sientan y luego de algunos conciliábulos, deciden compartir una milanesa napolitana con papas fritas.  Yo quiero también un huevo frito comunica el chico. Que sean dos indica él y cuando el mozo se retira pregunta ¿cómo va la facultad? No quiero hablar de la facu responde el chico.  Él hace memoria: Paula, sí, Paula. ¿Alguna novedad con Paula? Tampoco quiero hablar de eso dice Nacho. Entonces proponé tema, vos sugiere él, sonriendo.  Quiero hablar de nosotros dice su hijo las mejillas ligeramente coloradas. Él siente que el piso se hunde bajo la silla. Te escucho acepta, levantando ambas palmas. Nacho saca de la mochila un cuaderno y lo abre. En la primera hoja un listado de palabras que él no alcanza a leer. Ayuda memoria explica el chico.

 

Se despide de su hijo y camina hacia el coche. Necesitaría una ducha, registra. Está como si le hubieran dado una paliza. Varias palizas. Quiero hablar con Ana María, decide. Cuatro pacientes al hilo, tendrá que esperar. Resistir, se corrige. Sube al auto y maneja con extrema lentitud. Como si la sangre se le hubiera aletargado. Llega al consultorio y se prepara un café porque no quiso prolongar el almuerzo. Se sienta en la silla de la cocina y se toma la cabeza con ambas manos. La Volturno, que sí está viva, chilla. Se incorpora y apaga el fuego.

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