viernes, 24 de abril de 2026

226


 


Como siempre, y desde que es pequeño, en cuanto abre la puerta alerta a sus ¿papilas? olfativas. Cuando era chico le servía para fingir dolor de panza si de la cocina se desprendía olor a pescado, a coliflor, a tantos alimentos que ahora come con agrado. Porque, además, qué se ha cocinado proporciona mucha información sobre el día que tuvo la cocinera, ajetreado o no, y hasta de su buen o mal humor. Huele. Lo primero que le llega es el olor a perro de Lacán lamiéndole la mano. En cuanto logra apartarlo, detecta aroma a carne guisada. Vamos bien, se dice.  La puerta de la cocina está cerrada, qué raro. Soy un recolector de informaciones, piensa. Avanza hacia el living. La mesa ya está puesta. Cuatro lugares. Deja sus cosas sobre el sillón y se encamina hacia los dormitorios. La puerta de Nacho cerrada. La de Martina, no. Hola, papi dice la chiquilina. Él se acerca y le da un beso. Luego se dirige al baño y se lava las manos. Recién entonces enfila hacia la cocina. Abre. Cecilia está revolviendo una cacerola. Él le da un beso y se asoma a espiar. El olor lo embriaga. Goulash. Cecilia, entonces, está de muy buen humor. Probá si está bien de sal le dice, acercándole una cucharada con salsa. Él obedece. Sus papilas, ahora gustativas, se alborozan. Perfecto dictamina. ¿Me colás el arroz? le pide ella. Nacho entra a la cocina. El olor me está matando dice el pibe y recién después saluda hola, pa. Esto es una familia, evalúa él, mientras el vapor le hace cerrar los ojos. Avisale a tu hermana que ya está la comida indica Cecilia. Una familia en expansión, piensa después, ¿podrá el bebé sumarse sin romper el equilibrio? Recuerda las clases de física. Cuando se suma una nueva fuerza las restantes deben reubicarse para compensarla. Gus, te estoy hablando lo reprende Cecilia lleva la cacerola, es muy pesada. Claro, le pesa porque está embarazada, se dice al tiempo que obedece.

 

¿Cómo te fue en el consultorio? pregunta Martina. Él piensa que solo a su hija parece interesarle, pero después piensa que él tampoco le preguntó a Cecilia cómo le fue en su trabajo. Todavía no le pregunté, trata de eximirse, estuvimos atareados. Muy bien responde estoy contento con lo que va logrando mi paciente adolescente. Estás entrenado conmigo dice Martina golpeándose el pecho con ambos índices. Y conmigo agrega Nacho. Pero vos no sos mujer le retruca su hermana. ¡Por suerte! exclama el chico son insoportables. Cecilia baja los cubiertos y pregunta ¿hay alguna jovencita insoportable dando vueltas? Gustavo se asombra de la rapidez de su mujer. Oído de analista tiene con sus hijos, decide. No jodas, ma contesta el chico y bebe un vaso entero de agua. Él está por reconvenirlo no le contestes así a tu madre pero se arrepiente. Me parece que sí afirma Martina. ¡Vos callate, qué sabés, pendeja! exclama el chico y él por segunda vez se contiene para no retarlo. Está grande, decide, están grandes e inmediatamente se le cruza la imagen de un bebé llorando. Volver a empezar… ¿Es insoportable porque no te da bolilla? insiste Cecilia. Un día me da bola y al siguiente ni la hora, por eso digo que es insoportable se abre Nacho. Paula se llama acota Martina. ¿Quién te dijo? pregunta el chico. Te escuché hablar con Nico. Siempre metiche, vos. Cerrá la puerta la próxima se defiende la chica. ¿Ella sabe que te gusta? decide intervenir él. Supongo que se habrá dado cuenta contesta su hijo. No suponer es el tercer acuerdo de la sabiduría tolteca informa él. Si no sé, solo me queda suponer insiste el chico. Estás equivocado afirma él preguntar es un recurso mucho más útil. Claro dice el pibe para que me conteste que no le gusto. ¿Por qué no le gustarías? pregunta Martina todas mis compañeras están muertas por vos. ¡Pero son unas pendejas! exclama Nacho. No por eso dejan de ser mujeres interviene Cecilia. ¿Y cuál es el riesgo de que te diga que no? pregunta él. ¡Un bajón, pa, qué preguntás! Más allá de la incomodidad del momento no perdés nada; en cambio, aunque la chance fuera mínima, si te dice que sí… dice él. Tan, tan, ta, tan canta Martina entonando la marcha nupcial. ¡Callate, boluda! grita Nacho riendo. Terminen de comer que se enfría los reprende Cecilia. ¿Y a vos cómo te fue, mami? pregunta ahora Martina. Esta chica está en todo, decide él.

 

Ya están en la cama cuando Cecilia comenta estuvo linda la cena, ¿no? Sí, muy buena charla confirma él. Eso es porque ahora estás. Se cuentan con los dedos de la mano las veces que falté a una cena. Sí insiste ella pero muchas veces estabas sin estar. No empecemos con los reclamos se defiende él. Solo estoy diciendo que celebro tu retorno aclara ella. Él está por seguir discutiendo cuando opta por darle un beso en los labios. Ella abre la boca.

 


1 comentario:

  1. Estar más allá de la presencia física. Involucrarse siempre es el camino.

    ResponderBorrar

226

  Como siempre, y desde que es pequeño, en cuanto abre la puerta alerta a sus ¿papilas? olfativas. Cuando era chico le servía para fingi...