Hoy toca hablar de mi maternidad,
bah, de mi no maternidad arranca Andrea ni bien se sienta. Contame
pide él. En cuanto nos casamos yo dejé de cuidarme informa ella ya
pasados dos años empecé a preocuparme. Ya hablamos la sesión pasada de que el
sexo era pobre; no se tiene la misma posibilidad de embarazarse teniendo
relaciones dos veces por mes que cinco veces por semana. ¡Cinco veces por
semana?, ¡jamás! exclama sonriendo por primera vez y luego agrega fui al
ginecólogo, me revisó, me hizo hacer unos análisis y me tranquilizó; además, al mismo tiempo, me
ofrecieron el cargo de directora de una filial en Pilar. ¿Aceptaste? ¡Obvio! ¿Lo
consultaste antes con George?, porque supongo que eso descompaginaría bastante
el ritmo familiar. Lo iba hacer igual, pensara él lo que pensara; me encontré
con veintiséis años con la responsabilidad de reestructurar la empresa, con
gente mucho mayor a mi cargo; un trabajo enorme dice acompañando la palabra
con un gesto de sus manos, luego apoya la frente en sus manos y agrega yo cada
vez me hacía más grande y a él lo veía más chiquito; pero en cuanto me habitué
al nuevo lugar el tema de la maternidad se hizo acuciante; siempre quise ser
madre, me encantan los niños, se me da bien con ellos; fui entonces a otro
ginecólogo. A lo mejor no era el momento más adecuado para embarazarte, con un
trabajo tan estresante. Ella cabecea. Yo tenía la certeza de que si
quedaba embarazada largaría todo dice, rotunda y añade fui al ginecólogo
y allí comenzó la odisea; me hicieron estudios dolorosísimos, descubrieron que
tenía las trompas tapadas, intentaron destaparlas pero fracasaron; me hicieron
dos fertilizaciones in vitro, fracasaron; descubrieron la lesión abdominal que
ya te comenté quizá producto de la tuberculosis; la operaron; luego me
seccionaron las trompas cuenta y se sirve un vaso de agua. Tremendo el
costo físico de todos esos años acota él ante su silencio. Sobre todo
emocional lo corrige ella mi marido lo minimizaba, “si no es, no será”
decía y agrega además me sentía culpable por no ser capaz de darle un
hijo. Me parece que en esta oportunidad, como en tantas otras, el deseo era tuyo,
la empresa era tuya. Ella se encoge de hombros. Luego de la
quinta fertilización, imagínate, dolores, hinchazón del cuerpo por las
hormonas, una fortuna, además, decidí que la sexta sería la última; no resistía
más, me sentía morir; quedé embarazada de ¡mellizos!; me indicaron reposo
absoluto; primero se murió un embrión y a las nueve semanas, el otro; me
recuerdo en la bañera, llorando, por horas; hasta pensé en suicidarme. Él
está tan abrumado que no encuentra qué decir. ¿Cómo atravesó la pareja todas
estas vicisitudes? pregunta. Ella se queda pensando. Yo me sentía muy
sola; si el sexo antes había sido pobre durante todos estos años desapareció;
él no entendía, no entiende, lo que significa para mí no poder ser madre; no
sé por qué es tan fuerte, no va con como soy yo; él dice que igual podemos ser
felices, ¿felices?, ¿alguna vez fuimos felices? se pregunta ella con una
voz que él le desconoce. Parece que aquí no está en juego solo tu
imposibilidad de embarazarte sino también el funcionamiento de tu pareja.
Ella cabecea. Eso es lo de menos disiente lo que no me deja
disfrutar de la vida es mi útero vacío, mis brazos vacíos. Él la ve
tan desvalida que le resulta difícil calzar esta imagen con la previa. Cuando
lo conocí a George enseguida pensé que me gustaría que fuera el padre de mis
hijos; más aún cuando conocí a la familia; ese padre y esos abuelos dice
ella y calla. Y ahora te encontrás que ese motivo para estar junto a él
desapareció. ¡No! exclama ella yo quiero adoptar. Dijiste yo, no
nosotros registra él. A George le da mucho miedo, pero te imaginarás,
conociéndome, que no me voy a detener hasta convencerlo. ¿No contemplás la
posibilidad de adoptar en soledad? Ella se queda reflexionando. Luego de
unos minutos comenta por un lado, es más difícil que me otorguen una
criatura; por otro, yo ya crecí sin padre, no quisiera lo mismo para mi hijo.
El portero eléctrico los sorprende. Nos pasamos dice Andrea
incorporándose. Nos vemos el miércoles le dice él frente a la puerta
abierta y le oprime fuerte un brazo. Gracias a su locuacidad y su energía logró
apartar la imagen de Nacho. Llega el ascensor del que desciende Manuel.
miércoles, 29 de abril de 2026
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Es tan difícil de transmitir a otros lo que se siente cuando el deseo de un hijo es tan fuerte y no llega…
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