viernes, 26 de junio de 2026

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Manuel se presenta en chomba y, por primera vez, jeans. Se ven nuevos, evalúa Gustavo. Se sienta, apoya los antebrazos sobre los muslos y sonríe. Se te ve muy bien comenta él. Estoy muy bien confirma el hombre. Te escucho. Te conté que le mandé un mail a Judith dice Manuel. Él asiente con la cabeza y como Manuel calla, pregunta ¿te respondió? Cuando salí de acá el miércoles pasado, al llegar a casa me encontré con su respuesta; me bombeaba tanto el corazón cuando vi su nombre en la bandeja de entrada que me asusté; lo primero que escribió fue “¡qué bonita sorpresa!”; cuando leí “siempre has rondado mis pensamientos”, las manos me sudaban, todo yo, lo que nunca, sudaba; me contó que está en Berlín, fue a pasar las fiestas con su hijo mayor, ese del que estaba  embarazada la última vez que la vi cuenta Manuel y luego calla. Gustavo le ofrece agua. Beben. ¿Quedaron en algo? rompe él el silencio. Nos pondremos en contacto al regreso de ambos; no volvimos a escribirnos Manuel hace un largo silencio y luego agrega quisiera que el tiempo se detuviera; quedarme suspendido indefinidamente en esta zozobra en la que todo es posible; no sé si está felizmente casada, separada o viuda; no me dio ni le pedí ninguna información; solo asumo que tiene algún otro hijo porque hablo del mayor; saber que volveré a verla me resulta suficiente; no sé cómo explicarte, me devolvió la savia vital; me despierto contento; hasta Inés lo detectó, me preguntó si me había pasado algo. ¿Le contaste? No, qué le voy a contar, ¿qué estoy entusiasmado como un adolescente ante la promesa de ver a una mujer que, seguramente, está casada?; me dio vergüenza; me da también vergüenza frente a vos dice el hombre mientras baja la vista. ¿Cuándo te vas? le pregunta él. Este sábado; conseguí convencerla a Inés de que venga conmigo; no quería dejarla sola para las fiestas, las primeras sin papá; consiguió unos días en el trabajo; regresará el 2 de enero. ¿Ya resolviste qué harás vos? Manuel cruza los dedos y los oprime. Me presentaré al cargo del Hospital Británico dice no sé cuánto tiempo me llevará dejar todo acomodado allá. ¿La respuesta de Judith terminó de decidirte? pregunta él. Si te soy sincero, tengo que admitir que sí; es absurdo, pero, independientemente de lo que pudiera suceder entre nosotros, mi sensación es que tengo que pisar el mismo suelo que ella; me avergüenza oírme, pero es lo que me ocurre. Si te vas este sábado, esta será nuestra última sesión dice él. Si te parece bien, el próximo miércoles no, porque tengo programada una reunión con el director de mi hospital, pero el próximo sí, podremos comunicarnos por Zoom o como vos me indiques. Estoy de acuerdo responde él. Seguiríamos así hasta mi regreso. Yo me tomaré vacaciones recién en febrero informa él.  Me temo que no será buen momento para quedarme sin tu guía dice el hombre me vaya con Judith bien o mal. Ya lo evaluaremos llegado el momento acota él y le resulta extraña la dependencia que generó este paciente en tan poco tiempo. Luego se ponen de acuerdo en cómo comunicarse, agendan datos. Cuando se dirigen hacia la puerta Manuel dice gracias, Gustavo; me regalaste una nueva vida. Él se queda tan sorprendido que solo atina a decir felices fiestas. Se despiden con un fuerte apretón de manos.

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