lunes, 1 de junio de 2026

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Miércoles 12

Otra vez me hiciste madrugar protesta Santiago. Quedé en almorzar con mi vieja tempranito porque luego tengo consultorio. Si es por tu vieja te perdono, sabés que la adoro. Y ella a vos, siempre me pregunta por tus andanzas. ¿Andanzas? Mi madre, a pesar de que siempre te la pusiste en el bolsillo, nunca consideró que fueras una buena junta. Contale que ya me domesticaron, como al zorro de “El principito” dice Santiago con cara de compungido. Hazte la fama y…replica él, sobrador. Bien que me gustaría echarme a dormir completa la frase su amigo, desmoronándose sobre el respaldo de la silla. ¿Mala noche? Santiago se queda pensando. No debería decir que fue mala noche, solo me tocó darle agua a mi hijito, por suerte en plena salud; tomémoslo como una señal de que el niño forma parte de mi vida. Él lo mira sorprendido. Lo escucho y no lo creo dice sos puro instinto paternal se queda reflexionando y pregunta luego ¿tu padre estuvo presenta en tu primera infancia? Mi viejo era lo más; muchas veces pienso que si él no se hubiera muerto tan pronto yo no le habría dado tantos dolores de cabeza a mi pobre madre; me desmoroné cuando lo perdí. Nunca quisiste hablar del tema comenta él, conmovido. ¡Y ahora tampoco! exclama Santiago dando un golpecito sobre la mesa contame vos pide. La semana pasada les contamos a los chicos dice él. ¿Y? El reino del revés; evidentemente conozco menos de lo que creo a mis hijos porque Nacho reaccionó de diez y Martina hizo un berrinche; después pidió perdón, pero, para colmo, se fue a un viaje de estudio por una semana así que no volvimos a charlar del tema; Cecilia se quedó remal; sobre todo porque Martina siempre es tan amorosa. Santiago cabecea. Ya se le pasará dice y luego de unos segundos agrega pero hablemos de Nacho, mi ahijado es un lujo, sale a mí; puro instinto paternal. Callate, boludo dice él empujándole el brazo. Ambos ríen.

Ya está por tocar el timbre cuando retrocede. Camina hasta el kiosco de la esquina y compra unas margaritas. Le encantan, piensa. ¿A qué se debe tu visita? le pregunta su madre mientras le sirve los canelones. No necesito motivos para venir a verte. Vamos, hijo, te conozco bien, algo sucede; estás muy misterioso últimamente. Gustavo cabecea. No hay caso, nunca pudo ocultarle cosas a su mamá. Parece que fuera transparente, piensa. Descarta los preámbulos y dice Cecilia está embarazada. La madre esboza una sonrisa que luego desaparece. Lo tendrán, ¿no? inquiere. Sí, claro, ¿a qué viene la pregunta? Porque no te veo contento. Transparente, confirma él. Esa es una apreciación tuya la confronta. La mujer sonríe ahora abiertamente. ¡Qué me importa! exclama yo sí que estoy feliz por ser abuela de nuevo; tus hijos ya poco me necesitan. Te recuerdo que Nacho almorzó con vos el otro día. Es una cuestión de estómago, no de corazón ríe ella. Los chicos te adoran dice él. ¿Para cuándo el nuevo arribo? No sé bien, hay algunas dudas con las fechas. ¿Ya saben el sexo? No, le harán la primera ecografía la próxima semana; quizás ahí se sepa. ¿Fue buscado? continúa su madre el interrogatorio. Pará, mamá, se enfrían los canelones dice él, pero como ella no le quita los ojos de encima informa no, como te imaginarás no fue buscado; aterrizó. ¿Por qué lo ves tan obvio?  Cecilia y yo estamos grandes, los chicos están grandes; no era momento. Siempre es buen momento para recibir una vida; cuánto hubiera dado yo por tener muchos hijos; me costó un montón embarazarme de vos y luego tampoco pude darte un hermano. Mamá, se separaron cuando yo era chiquito. Sí, pero en los años anteriores lo intenté, me hice varios tratamientos. Nunca me contaste comenta él, en mal tono. Nunca me preguntaste se defiende ella, hace una pausa y dice historias viejas; ahora lo único que importa es que se sumará otra criatura a la familia levanta el vaso de agua brindemos, Gustavo, por la vida renacida. Él levanta la copa. En la columna de los partidarios puede colocar a Cecilia, a Nacho, a Santiago y, ahora, a su madre; en la de los detractores a Martina y a él mismo. Por suerte van ganando tus adeptos, piensa y se da cuenta de que, por primera vez, se está dirigiendo personalmente a su hijo. En qué baile nos metiste, reincide. Luego, ataca los canelones con entusiasmo. Deliciosos como siempre, mamá dice.

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