Cuando abre la puerta Ema informa le pedí a mi
mamá que no subiera. Vamos bien, evalúa él. ¿Cómo estuvo tu semana?
le pregunta cuando la ve instalada. Heavy responde la chica. ¿Querés
contarme? Ema se reacomoda y cruza las piernas como indio y señalándolas
pregunta ¿puedo? Claro. Porque mi mamá no me deja, dice que
ensucio el tapizado. Ya metió a la madre en escena, observa él. Bah, la
abuela mucho peor, porque ella, además, dice que no es una postura para una
“señorita” pronuncia con retintín. En la sesión anterior ya hiciste
referencia a tu abuela, parece tener bastante peso en tu vida. ¿Bastante?
aumenta la circunferencia de los ojos ¡pesa mil kilos!, y eso que es muy
delgada. ¿Te llevás mal con ella? La chica se queda pensando. No sé qué
decirte; cuando era chiquita la adoraba, siempre me sacaba a pasear y me
llenaba de regalos, me encantaba quedarme a dormir en su casa; tiene trece
nietos pero me parece que soy de las favoritas; Lupe, que es la mayor y tiene como
veintitrés, y yo. Pero ya no te gusta tanto. ¡Es que critica todo!, se quedó en otra época; por
eso la quiere tanto a Lupe que se casó ni bien terminó el secundario y ya tiene
dos nenes; mejor que conmigo no se haga ilusiones… ¿Cómo es eso? Yo voy a
estudiar, quiero seguir medicina; a mí mamá no la dejó, bah, la convenció. ¿A
qué se dedica tu mamá? Es maestra jardinera; además, a mí no me gustan los
chicos; me parece que no voy a tener hijos; estoy harta de mis hermanos. Al
fin, piensa él. Tenés hermanos repite él. Sí, medio hermanos; dos de
mi mamá y dos de mi papá. ¿Edades? Joaquín de once y Sofía de ocho, los de mamá;
Pedrito de cuatro y Mateo de casi dos, los de papá; mis más hermanos son los de
mamá porque vivimos juntos y además porque son hijos de Alejandro que es más
padre mío que mi propio papá: está con mamá desde que yo tenía un año. ¿Te
molestan? ¡Sí!, sobre todo Joaco, no aguanta que yo sea más grande, desde que
empecé el secundario está infumable; Teo es insoportable, pero por suerte tanto
no lo veo. ¿Por suerte? La chica frunce el ceño. ¿Por qué me lo
preguntás? Porque si no ves mucho a tu hermanito acentúa el sustantivo con
intención supongo que tampoco verás demasiado a tu padre. Por lo que me
importa… Mirame, Ema, ¿no te importa? La chiquilina levanta la vista. Tiene
los ojos llenos de lágrimas. Es que Sandra lo maneja como a un títere; antes
mi papá me daba bola, me venía a buscar, me llevaba al cine, a restaurantes, me
encantaba ir a su despacho. ¿De qué trabaja? Es abogado; es muy conocido, a
veces sale en la tele, capaz que alguna vez lo viste. Decís que tu papá no te
presta atención, sin embargo, antes me comentaste que está presente en todas
las decisiones que te involucran. La chica exclama ¡porque de eso Sandra
no se entera!; papá nunca llama desde su casa, siempre del trabajo; ni cuando
habla conmigo ni cuando habla con mi mamá. Las lágrimas corren por las
mejillas de Ema. Él le acerca la caja con pañuelos. Parezco mi mamá dice
con fastidio mientras se seca llora por cualquier cosa. ¿Y eso está mal? Mi
abuela dice que no hay que llorar en público, que no
corresponde; a ella no le vi una lágrima ni cuando se murió mi abuelo; es
de metal. Veo que tu mamá y tu abuela son muy diferentes. ¡El día y la noche!;
mi mamá a veces es pesada, pero creo que ella sí me entiende; mis amigas dicen
que es una genia; el problema es que es demasiado sensible, como dice la
abuela, yo me guardo muchas cosas porque cuando le cuento mis problemas se
angustia; a veces me parece que se va a romper. Nos sos vos la que tenés que
estar pendiente de los estados emocionales de tu madre sino ella de los tuyos.
¡Ella está pendiente!, pero no sé cómo explicarte, le falta algo; a veces me
parece que le falta la columna vertebral. Ojo con esta chica, se dice él,
no me perdonará simplezas. ¿Y tu abuela? Ella es toda de hueso; dura, firme,
cuando estoy con ella siento que nada malo me puede pasar; yo prefiero ir a su
casa, cuando viene a la mía parece que mi mamá se desarmara, como si fuera más
bajita; siempre hay tensión entre las dos, nunca se tratan mal pero el aire no
corre. Gustavo está asustado con su perspicacia. ¿Seré capaz de trabajar
con esta piba?, se pregunta. La mente se le queda en blanco. Suena el timbre. Me salvo el gong, piensa. Mira el reloj: 16.59. Sí, superpuntual.
Acompaña a Ema al palier justo en el momento en que el ascensor se detiene. Le dije a mamá que no subiera, ¡qué pesada! murmura Ema con fastidio. Cuando la puerta se abre y desciende Marcelo, la chica se ruboriza, le da la espalda y dice hasta el miércoles. Mientras entran Marcelo comenta ¿más chica que las dos mías y ya en terapia?

Es de armas tomar Emma!!!
ResponderBorrarPese a todo, Paz hizo un buen trabajo; gran progreso transgeneracional
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