lunes, 23 de febrero de 2026

201

 



Manuel se presenta nuevamente con traje. Nuevamente lo saluda con formalidad. Se ubica. Gustavo se sienta frente a él y le sonríe. ¿Lo que estuvimos charlando movió algo en vos? pregunta segundos después. Manuel se muerde los labios. Pésima semana cuenta dormí poco y mal; pesadillas y más pesadillas. ¿Querés contarme? Hacía mucho que no soñaba con Daniel lo mira y le aclara mi hermano muerto. Tranquilo; recuerdo cuanto charlamos. Yo no me acuerdo de lo que me cuentan mis pacientes; solo lo profesional, claro. Quizás elegiste una especialidad que te preserva de cualquier tipo de vínculo. ¿Cómo? Ves a un paciente, lo operás y fin de la relación. No es tan así explica Manuel. Sí, los visitás cinco minutos en el hospital un par de veces antes de darles el alta. No siempre soy tan exitoso; hay operaciones que se complican; hay pacientes que mueren. Ya veremos luego cómo te afecta eso; sigamos con tus sueños. Yo estaba en el club, Daniel galopaba; yo sabía que se iba a caer, quería alertarlo pero la voz no me salía y yo me hacía cada vez más chiquito hasta desaparecer. ¿Cómo eras de niño? ¿Cómo era? repregunta ¿era?; formaba parte del decorado; creo que nadie reparaba en mí. Eras mudo e invisible como en el sueño; seguramente correcto, seguramente buen alumno. Sí, pero abanderado nunca fui; alguna vez llegué hasta segunda escolta. ¿Suponés que decepcionaste a tu padre? No lo supongo; lo sé; Daniel sí que siempre era abanderado. Un siempre que le duró poco. Manuel lo mira desconcertado, pero luego comprende. Debe de haber sido muy duro para tu hermano tener que ser perfecto dice él. No sé, parece que no lo hubiera conocido, no sé lo que sentía, lo que pensaba; yo solo lo admiraba. Como a tu padre. Yo a papá llegué a odiarlo afirma, rotundo. Lo que no quita que lo admiraras sin dar tregua pregunta ¿tampoco eras visible para tu madre? Para mi madre, me doy cuenta ahora, también regresó en mis sueños, solo existía papá admite. Vemos que no lograste vincularte afectivamente con nadie de tu familia; ¿tenías amigos? No muchos; yo era demasiado serio, no calzaba con el resto. No debe de haber sido fácil tu adolescencia. No; fue... se toma unos segundos para buscar la palabra desierta de repente el rostro se le ilumina hasta que apareció Judith. Contame pide él. La conocí terminando el secundario; mi primera novia, mi primer amor; el descubrimiento del sexo se restriega la cara con las manos cuántos recuerdos.  A él le sobreviene su historia con Cecilia. Mal momento para evocarla. Fuiste visible por primera vez; las palabras y el cuerpo que te fueron siempre mezquinados se apresura en decir.solo comenta él. Y calla. ¿La relación prosperó? Depende de lo que quieras decir con eso. Tiene razón, piensa él, le pregunté una tontería. Estuvimos juntos dos intensos años; después ella consiguió una beca en Israel; nos juramos esperarnos; le escribí en cuanto volví de Ezeiza y cada día; pero jamás llegó la respuesta; creí morir; me salvó la facultad; estudié día y noche; me recibí en cinco años; desde entonces la profesión es el motor de mi vida. ¿Nunca te casaste? No; un par de parejas de poca monta; hace mucho que estoy solo. Sí, desde que naciste acota él. Me falta contarte un detalle. Él lo mira con curiosidad. Varios años después de que nos separáramos me encontré a Judith por la calle; estaba embarazada, muy embarazada; la invité a tomar algo; después del segundo café me animé a preguntarle por qué nunca me había contestado; me miró con los ojos como platos; "nunca me escribiste"; reconstruimos el itinerario de nuestras cartas: un único mediador común, el cadete de mi padre; nos citamos para la semana siguiente. Manuel se interrumpe y toma un vaso de agua. Es un buen narrador, piensa él, me dejó sobre ascuas. Encaré a mi padre continúa luego de unos segundos él reconoció, sin empacho, que había obstruido la correspondencia; "supongo que ahora que sos un adulto podrás agradecérmelo; ¿te imaginás cuánto habría perjudicado tu reputación profesional el haberte casado con una judía?”. Gustavo recuerda inmediatamente a Raúl, a su padre, el rey de Textilandia. Cortados por la misma tijera, evalúa. ¿Cómo reaccionaste? Me fui; pocos meses después emigré a Estados Unidos. ¿Tu padre supo por qué? No me molesté en decírselo contesta Manuel bajando la vista. No te animaste lo corrige él mudo e invisible. No volví a verlo; bah, hasta el velorio. Cuánto mejor para ambos hubiera sido poder hablarlo. Hubiera sido, pero no lo fue dice Manuel, agresivo. ¿Dejamos acá? propone él. Manuel, en absoluto silencio, se incorpora.

 

Él cierra la puerta y mira la hora: la sesión fue más corta. Lo asusta tener tiempo libre. Imprescindible mantener a Cecilia alejada de sus neuronas. De mi corazón, se corrige. Busca la ficha de Ema. Relee los datos aportados por Andrés. La chica todavía no mencionó a los hermanos. Qué raro. El timbre lo sobresalta. Veremos cómo le va con la chiquilina.


 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

223

  ¿Te acordás que te dije que mi papá me había cancelado la salida al cine? Son las primeras palabras de Ema. Sí, hace ya dos semanas re...