Nacho eligió el menú; Martina, el lugar. Almacén de Pizzas. Me quedo con Burgios comunica su hijo. Sos un ordinario su hija. Él aprovecha y se pone al tanto, al menos, de sus estudios. En lo personal, son reticentes. Tienen derecho, piensa él, deberé recuperar el terreno perdido de a poco. Tengo dos hijos grandes ya, evalúa, están bien, los criamos bien. El setenta por ciento del trabajo hecho, calcula. Su cabeza es una batidora. La posibilidad de empezar de nuevo es un peso que lo aplasta. ¿Compartimos un panqueque? propone Martina. Asociate con pa, yo estoy para un helado reprograma Nacho. Sí, a esta edad los hijos comienzan a ser socios. ¿De dulce de leche? pregunta él para hacerla rabiar. De manzana, obvio dice la chiquilina enfurruñada parece que ya no me conocieras. El chico le guiña un ojo. Ambos ríen.
Acaba de apagar la luz cuando escucha los ladridos de Lacán. Se levanta. La encuentra en la cocina. ¿Cenaste? pregunta él y como ella asiente con la cabeza, propone ¿tomamos un café? mientras busca la Volturno. Cecilia le cuenta de su madre; él, de los chicos. Se instala el silencio. ¿Decidiste? lo encara ella. Decidí contesta él aunque no te creas que estoy muy convencido. Ella lo mira fijo, parece que no respirara. ¿Vos estás segura de que estamos en condiciones de empezar de nuevo? Yo sí; pero no tengo fuerzas para afrontarlo sola como hace veinte años, cuando tenía veinte. Espero resultar mejor compañía que entonces dice él, acercándose. Ella sumerge la cabeza en su pecho. Tenía tanto miedo dice. Él la abraza. Fuerte la abraza.

Acceder por no perderla? Mmmmm
ResponderBorrarTantos casos! Pero, además, ya se lo dijo a Ana María: no lo desea pero no tolera pensar en deshacerse del bebé.
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