viernes, 20 de marzo de 2026

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No siente olor a comida. Abre la puerta y Lacán se le tira encima. ¡Bestia bruta! le grita pero lo acaricia. Pasa por la cocina. Abierta y a oscuras. Se dirige hacia los dormitorios. Hola, pa lo saluda Nacho sin apartar la vista de la computadora. ¿Y tu madre? No sé; escuché hace un rato que hablaba por teléfono con Marti. A él se le agita el corazón ¿Le habrá pasado algo? Abre la puerta del cuarto de Martina. Mamá llamó desde la clínica le cuenta su hija. Me lo merezco, piensa él, por cobarde. A la abuela le subió la presión pero ya está bien informa la chiquilina la estaba llevando a su casa; dijo que comiéramos porque ella se va a quedar un rato por las dudas. Un difuso alivio lo recorre. No fui castigado, se dice. Aún no fui castigado, se corrige. Alivio que se transforma en euforia. ¿Vamos a comer afuera? propone. Dale contesta Martina. Dale repite Nacho y luego pregunta ¿pizza? ¡Vos siempre querés comer pizza! se queja su hermana. A vos lo que te molesta no es la pizza sino que yo decida. Sus hijos trenzados en una discusión interminable. ¿Cuántas veces los escuchó así? Formar parte de una rutina lo tranquiliza. Pensar que hace una semana temió que todo saltara por el aire. Zafé, evalúa. Le sobreviene una aguda necesidad de abrazar a Cecilia. A ver si se apuran azuza a sus hijos me estoy yendo. Sus dos hijos. Se va a acabar…, se va a acabar…  ¿Cómo ir a una pizzería con un bebé? Porque las pizzerías no son para bebés. Los bebés son un plomo, evalúa.

 

Nacho eligió el menú; Martina, el lugar. Almacén de Pizzas. Me quedo con Burgios comunica su hijo. Sos un ordinario su hija. Él aprovecha y se pone al tanto, al menos, de sus estudios. En lo personal, son reticentes. Tienen derecho, piensa él, deberé recuperar el terreno perdido de a poco. Tengo dos hijos grandes ya, evalúa, están bien, los criamos bien. El setenta por ciento del trabajo hecho, calcula. Su cabeza es una batidora. La posibilidad de empezar de nuevo es un peso que lo aplasta. ¿Compartimos un panqueque? propone Martina. Asociate con pa, yo estoy para un helado reprograma Nacho. Sí, a esta edad los hijos comienzan a ser socios. ¿De dulce de leche? pregunta él para hacerla rabiar. De manzana, obvio dice la chiquilina enfurruñada parece que ya no me conocieras. El chico le guiña un ojo. Ambos ríen.

 

Acaba de apagar la luz cuando escucha los ladridos de Lacán. Se levanta. La encuentra en la cocina. ¿Cenaste? pregunta él y como ella asiente con la cabeza, propone ¿tomamos un café? mientras busca la Volturno. Cecilia le cuenta de su madre; él, de los chicos. Se instala el silencio. ¿Decidiste? lo encara ella. Decidí contesta él aunque no te creas que estoy muy convencido. Ella lo mira fijo, parece que no respirara. ¿Vos estás segura de que estamos en condiciones de empezar de nuevo? Yo sí; pero no tengo fuerzas para afrontarlo sola como hace veinte años, cuando tenía veinte. Espero resultar mejor compañía que entonces dice él, acercándose. Ella sumerge la cabeza en su pecho. Tenía tanto miedo dice. Él la abraza. Fuerte la abraza.


 

 


2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Tantos casos! Pero, además, ya se lo dijo a Ana María: no lo desea pero no tolera pensar en deshacerse del bebé.

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