miércoles, 18 de marzo de 2026

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Ana María lo recibe con la hermética sonrisa de siempre. Él sabe que ella no romperá el silencio. Aunque dure la sesión entera. Tengo solo una hora, piensa, después el mundo caerá sobre mí. Él también sonríe. Creo que hoy lograré sorprenderla dice revoleando los ojos. Ella solo sigue sonriendo. Arriesgue, le doy tres posibilidades. Lo mío es el análisis no la adivinación le aclara ella aunque dado que su voz carece de hostilidad y que parece en mejor estado que la última sesión, me atrevería a arriesgar que su mujer no tiene un amante se inclina hacia atrás en el sillón ¿estoy en lo cierto? Acertó, ¿no quiere seguir arriesgando?, se le da bien. Ella levanta ambos brazos. Suficiente dice sonriendo. Él calla. Estoy haciendo tiempo, piensa. Y recupera la sensación que tuvo con Santiago: en cuanto lo diga se hará realidad. Ante su silencio, Ana María, para su sorpresa le pregunta ¿encaró a Cecilia por el mensaje? No hizo falta; ella solita me explicó la situación. ¿Por qué cree que su mujer se animó? pregunta ella reforzando la última palabra. Qué boludo, ni me lo planteé, piensa él. Se queda reflexionando. Quizá porque intenté interactuar con los tres; me di cuenta de que hubo un montón de situaciones de las cuales estuve ausente; les pedí perdón. Quiere decir que su mujer es muy receptiva y que si no había hablado con usted antes fue porque registraba que usted estaba muy distante. A él le da fastidio. Sí, quédese tranquila; usted me lo había advertido, acertó otra vez. Se instala un largo silencio. Vemos que lo que tiene para transmitirme es lo suficientemente gravoso como para controla el reloj que hayan transcurrido diez minutos y todavía no lo haya hecho. Él inspira hondo. Cecilia está embarazada dice al fin. Ella calla. ¿La sorprendí? pregunta él, irónico. Me sorprendió admite ella elevando las palmas. ¡Una que no vio venir! exclama él con franca sonrisa. ¿Está contento? pregunta Ana María. La sonrisa de él se borra. No confiesa lo último que estaba en mis planes era tener otro hijo. ¿Entonces? Entonces no sé. ¿Qué opina Cecilia? Cecilia…, Cecilia… le cuesta encontrar qué decir tampoco estaba en sus planes, pero… ella lo tendría. ¿Por qué usa el condicional? A él lo sorprende lo atento de su oído. Me dejó a mí la elección dice, agarrándose la cabeza. ¿De cuánto está? pregunta ella. Ya diez semanas informa él hoy vence la semana que le pedí y que me dio para tomar una decisión. ¿Por qué justo una semana? Él no quisiera dar el brazo a torcer, pero sabe que es ridículo. Quería hablarlo con usted admite. ¿Por qué no me llamó para adelantar la sesión? No se me ocurrió dice. O le cuesta admitir que no es omnipotente. Él eleva los brazos en un gesto difuso. ¿Cómo está? pregunta ella luego de una pausa. Angustiado define él, intenta sonreír y dice, elevando una mano, la palma hacia arriba ser o no ser; tener o no tener. Ana María, muy seria, pregunta ¿por qué no tendría al bebé? Ya somos grandes, Ana María; tenemos dos hijos adolescentes; estamos afianzando nuestras carreras; una criatura mandaría todo para atrás. Usted utiliza el plural; sin embargo, estos argumentos no parecen ser válidos para su mujer. No replica Gustavo con fastidio a ella cuando queda embarazada no le importa nada. Parece que esta vez sí le importa usted. Él la mira con sorpresa. No sé si le importo yo o le importa el bebé; me dijo que no está dispuesta a someter a la criatura a la indiferencia a la que me dice sometí a Nacho. Ya charlamos aquí bastante el tema. Sí admite él precisé un simulacro de divorcio para conectarme realmente con mi hijo. Si usted todavía no pudo tomar la decisión, será porque está en contradicción afirma Ana María, hace una pausa y pregunta ¿por qué enfatiza el sí tendría el bebé? No quiero perderla a Cecilia. Sin embargo, ella le dio libre albedrío y no amenazó con dejarlo. Creo que nunca me lo perdonaría. Así como usted nunca terminó de perdonarla por imponerle a Nacho ella se reacomoda en su sillón, cruza las piernas centrémonos en el bebé, ¿de alguna manera lo percibe ya como su hijo? Él aprieta fuerte los puños. Tanto que se clava las uñas. ¡Sí!, ¡la puta que lo pario! exclama hoy hablaba con Santiago; él, que en su momento transitó más de un aborto, me decía que ahora que es padre, ya no podría; me enojé con él, pero en el fondo tiene razón; me planteo que si hubiera sido por mí Nacho no existiría y es un pibe espléndido; y aunque me llevó su tiempo lo quiero con toda mi alma. Se instala un largo silencio. Ayer, cuando estaba por tomar el ascensor, mi vecina me pidió que le tuviera un segundo el bebé mientras plegaba el cochecito… cuenta y nuevamente calla; las palabras se resisten a salir. ¿Qué sintió? lo ayuda ella. Lo encontré parecido a Nacho; recordé que era un crío precioso; pensé una estupidez, me da vergüenza contarle. Ella lo mira en silencio con su mágica sonrisa. Pensé que Cecilia y yo hacíamos una excelente combinación, que los hijos nos salían inteligentes, buenos, lindos. ¿Tanto como para arriesgarse a reincidir? Él la mira muy serio. ¿Usted considera que estoy en condiciones de hacerme cargo de otro hijo? ¿Por qué no habría de estarlo? repregunta ella acá la verdadera pregunta es otra; ¿desea que nazca este hijo? Precisaría otra semana. Pero sabe que no la tiene. Él se restriega los ojos. No lo deseo, pero me resulta intolerable pensar en hacerlo desaparecer siente que las lágrimas pugnan por salir después de todo es mi hijo. Antes que todo lo corrige ella, incorporándose. Él la imita.

 

Una vez que la puerta se cierra, Gustavo deja de luchar para contener el llanto. Las lágrimas se deslizan por sus mejillas mientras camina hacia el auto. Ni intenta enjugarlas.

 


2 comentarios:

  1. Siempre pensé que el hombre lleva las de perder en este tipo de decisiones ya que si la mujer decide continuar o no lo que el hombre desee pasa a un segundo plano. Es afortunado de que lo tengan en cuenta ante tamaña decisión

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