Marcelo se sienta y sonríe satisfecho. Ya
lo inscribí a Fede en el jardín de infantes informa me saqué un
verdadero peso de encima. ¿Tanto te preocupaba? pregunta él, sorprendido.
No en sí que el nene fuera a la escuela, todavía es chiquito y en casa está muy
estimulado; pero Matilde me volvía loco se muerde los labios cuando se le mete
algo en la cabeza… ¿Tu hija entra en la categoría de mujeres que te obligan a
hacer lo que no querés? Espero que no contesta el hombre además vos me
dijiste que nuestro trabajo me “había curado” hace el gesto de comillas con
ambas manos. Veo que me escuchaste con atención dice él, sonriendo.
Marcelo ríe. El pez por la boca muere dice. Hoy derrochás buen humor
comenta él. ¿Está mal? ¿Por qué habría de estarlo? ¡Porque me metí en un
quilombo! ¿Cómo sigue el vínculo con Patricia? pregunta él. Progresando;
ella ya les contó a los chicos que está saliendo con alguien; los pibes se lo
tomaron bien. ¿Y vos? No tan bien, porque yo no puedo contarles; por eso te
dije que estaba en un quilombo; si se entera Matilde le agarra un ataque. Gustavo
se desanima, ¿la terapia le sirvió de algo a este hombre? ¿Le tenés que
pedir permiso a tu hija para salir con una mujer? pregunta. Con
cualquiera otra mujer, no; Matilde sabe muy bien quién es Patricia. ¿Y el resto
de los chicos? No contesta Marcelo mirando el piso. ¿Agustina tampoco?
Agustina tampoco repite el hombre. ¿No le contaron que Lorena no es tu
hija biológica? Todavía no. En la última sesión antes de que tuviéramos que
interrumpir dice él quedamos en que lo harías. Pero no lo hice informa
el hombre. Y a menos que haya habido novedades esta semana tampoco se lo
contaste a Patricia. Tampoco. Gustavo hace una prolongada pausa y luego
pregunta ¿por qué? Marcelo también se toma un tiempo antes de contestar tengo
miedo; Patricia se enojaría muchísimo. Y con razón, piensa él.
¿Cuánto tiempo más te parece que podrás ocultárselo? pregunta. Si no
fuera por Matilde nunca se enteraría. Gustavo se está impacientando.
Marcelo, parecés una criatura que se tapa la cara creyendo que así no lo verán;
acá el problema no es que te descubran, sino que tanto tus cinco hijos como
Patricia tienen derecho a saber la verdad; no se puede construir una vida sobre
una mentira. Marcelo cruza ambas manos sobre su nuca y recuesta la espalda
sobre el diván. Ya no estoy de buen humor dice. Él decide obviar el
comentario y pregunta ¿considerás que tu relación con Patricia puede
trascender? Creo que pese a todo, sí. Y si querés que esa relación trascienda,
¿hay alguna posibilidad de mantener a tus hijos al margen? Marcelo
reflexiona unos segundos y luego contesta ninguna. ¿Hay chance de que
Matilde al encontrarse con Patricia se transforme en tu cómplice y calle?
Conociéndola a mi hija, chance cero. ¿Entonces? pregunta él abriendo ambos
brazos. Marcelo, ahora, se cubre la cara con las manos. Estoy perdido dice
yo me presenté a Patricia como un viudo afligido. Lo sos o lo eras le
reconfirma él. El hombre menea la cabeza. Mientras ella me hablaba del
abandono de su marido, de la infidelidad que nunca pudo comprobar pero de la
cual estaba segura, yo quería que los marcianos me abdujeran; si callé en ese
momento no puedo decírselo ahora. ¿Y cual es el Plan B? No lo tengo contesta
Marcelo sin descubrirse. ¿Creés que Patricia está enamorada de vos? Me lo
dijo ahora sí el hombre lo mira. ¿No debieras confiar en eso? No alcanza
responde Marcelo con desaliento. Él mira el reloj: faltan unos
minutos aún. Tendremos que encontrar la mejor manera en que puedas
decírselo; lo trabajaremos la próxima. Al menos disfrutaré otra semana con
ella; trataré de aprovecharla porque será la última dice Marcelo,
sonriendo. Me alegra que hayas recuperado el buen humor comenta él, ya
de pie.
Abre la heladera y se corta un trozo de queso.
Hay vidas complicadas, piensa. Más complicadas que la mía, reformula. Cinco
hijos y otros seis en standby. Marcelo también tuvo a Federico cuando las hijas
mayores ya estaban grandes. Registra el también. Pobre hombre, reuniones
de jardín de infantes a los cincuenta. Se lava las manos y se encamina al
consultorio. Se tira en el diván. Se me acaba el plazo, piensa. Mira el reloj:
todavía falta un buen rato. Hoy tiene ganas de ver a Ana María, en general le
pesa. Eso también es extraño. Todo es extraño. Recuerda fragmentos de las
historias de sus pacientes. La vida es extraña. Da y quita. No está en
condiciones de discernir en qué etapa está él ¿A punto de ganar o de perder?
Ojalá alguien pudiera decidir por él. ¿Ana María?
Esa fantasía de querer que alguien decida por uno….
ResponderBorrarEso evita la responsabilidad y habilita la queja
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