viernes, 13 de marzo de 2026

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Ema le da un beso en la mejilla. Hoy vino con jeans, zapatillas. Parece Martina, piensa él. La chica, nuevamente, se sienta como indio, pero ya no pide permiso. Hablé con mi mamá informa. ¿Sobre? Sobre ella. Gustavo está por intervenir cuando Ema continúa yo estaba mal porque, por teléfono, mi papá me dijo que no podríamos ir al cine como me había prometido; mi mamá me preguntó qué me pasaba; yo le estaba contando y se puso a llorar; me enojé mucho; le dije que el problema era mío no de ella, que lo único que me faltaba era tener que consolarla; que aprendiera a controlarse. Gustavo se toma unos segundos, los dedos de una mano presionando los de la otra. Seguramente tu abuela le hubiera dicho lo mismo. La chica da un respingo. Yo no soy como mi abuela dice, en mal tono.  Sin embargo, en la sesión anterior me comentaste Gustavo lee la ficha que tu abuela dice que no hay que llorar en público, que no corresponde. La chica parece perder seguridad.dice luego de unos segundos pero esto es distinto; yo nos soy el público, soy la hija y me hace mal verla llorar. ¿A veces te dan ganas de llorar y no lo hacés para no incomodar al resto?¡Claro!, para llorar me escondo. ¿Te lo recomendó tu abuela? ¡Basta, Gustavo! exclama la chica y después pide perdón, yo no soy así y se tapa la cara con las manos. Vos también sos así, Ema, con derecho a llorar y a manifestar tu enojo; porque aunque no los demuestres la tristeza y el enojo a veces te visitan, como a todos; si tu mamá lloró cuando le contaste de tu frustración con tu papá es porque es empática con vos; lo que no debiera ocurrir es que vos limites la expresión de tus sentimientos para no herirla; las lágrimas de ella no invalidan las tuyas y las palabras de tu abuela no debieran invalidar ninguna de las dos. Sí, me contó mi mamá que antes no lloraba; que después que nací yo aprendió a llorar y que eso la alivia mucho; ahora llora aunque esté la abuela adelante y la rete la chica hace una pausa pero yo quiero ser fuerte agrega la abuela siempre dice que salí como ella. Mirame, Ema pide. La chica levanta los ojos. Vos no tenés que ser ni como tu madre ni como tu abuela, vos tenés que ser simplemente vos. ¡Como si fuera tan fácil! Por supuesto que no es fácil, por eso estamos trabajando juntos en eso intenta tranquilizarla él. ¿Puedo tomar agua? pide Ema. Claro contesta él mientras le sirve. Está rica, bien fría agradece la chica. Volvamos a la llamada telefónica, ¿tu papá te dijo por qué cancelaba el encuentro? Ema deposita el vaso vacío. Me habló de un cliente, pero no le creí. ¿Por qué? Porque es mentiroso, muchas veces lo pesqué en mentiras; seguro que Sandra se enteró y no lo dejó. ¿Sandra le dice a tu padre lo que tiene que hacer? No directamente, pero seguro que le encargó que fuera a buscar a Pedrito a algún lado en ese horario, no sé por qué no me quiere. ¿Alguna vez lo hablaste con ella? ¡No! ¿Y con tu papá? Tampoco, con él no se puede hablar no es como con mamá o con Alejandro; no le gusta hablar de cosas personales. Entonces, como vos te das cuenta de que a él no le gusta hablar no hablas aunque a vos sí te gustaría hablar. Es cierto admite Ema no lo había pensado así, yo le doy el gusto. Me parece que tu problema es que querés darle el gusto a todos y todos quieren distintas cosas. ¡Eso es lo que me pasa!, ¡justo eso!, ¡todos esperan distintas cosas de mí!, ¡imposible dejar a todos contentos! Él se reclina sobre el respaldo y cruza las piernas. Ema, lo importante es que vos estés contenta. Tenés razón dice la chica asintiendo con la cabeza a veces siento que soy una marioneta eleva la mano y simula mover los hilos además, si haga lo que haga a alguno no le va a gustar, mejor es hacer lo que yo quiero que seguro tampoco le va a gustar a alguien; parece un trabalenguas dice sonriendo y pide ¿me servís más agua?, hablar con vos me da sed. Él le llena el vaso. Ella bebe y luego mira el reloj. 16.57 dice ¿apostamos que mi mamá toca el timbre antes de y cincuenta y nueve? Él sonríe y asiente. 16.58 suena el portero eléctrico. ¡Te dije! anuncia triunfal Ema incorporándose y levantando la palma ganamos los dos. Él se la choca.

 

Abre la heladera y busca una lata de Cocacola. Está satisfecho de lo logrado con Ema. Se va abriendo, evalúa, pudimos conectar. Y es tan difícil conectar con nuestros genuinos deseos, se dice. Y a veces no alcanza con conocer los deseos. A veces en contra de ellos hay que tomar decisiones. ¿Decisiones? Solo una única y tremenda decisión. Va con la lata al consultorio y apoya la frente contra el vidrio. Sabio, quisiera ser sabio. Y vidente.


 


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