Toca el timbre a la hora exacta sin resultado.
Cinco minutos después, cuando él se debate entre la inquietud y el fastidio, la
puerta se abre. Gustavo amaga entrar y casi choca con un hombre que sale. Le da
rabia. A él nunca le concede tiempo extra. No
tiene buena cara comenta Ana
María en cuanto él se acomoda ¿se
siente bien? No contesta él,
permanece callado un buen rato y luego inspira hondo e informa Cecilia me engaña, de nuevo me
engaña. Lo escucho dice ella
impasible, determina él. Impasible como siempre. Gustavo trata de disipar su
irritación y relata con lujo de detalles lo acontecido. Me parece que se ha apresurado al
sacar sus conclusiones dictamina
ella. ¿Por qué lo dice? aletea en él la esperanza. El mensaje deja en claro que hay algo
que Cecilia le está ocultando; el resto corrió por parte suya. Claro,
seguramente no quiso decirme que se va a sacar una muela; celebro que quiera
consolarme, pero a buen entendedor pocas palabras. ¿Está seguro de que es un
buen entendedor?; me llama la atención el “no me animo” de Cecilia; más allá de
lo que se tratara, incluso si fuera un amante, no es buen indicador que su
mujer tema sus reacciones. Una aguda
violencia hace presa de él. Noo,
ya sabía yo que usted iba a terminar diciendo que la culpa es mía; ¿hay un
pacto de sangre entre todas las mujeres que las impulsa a defenderse entre sí?,
claro, la culpa siempre es nuestra.
Ella se queda observándolo, en silencio. Luego de unos minutos pregunta ¿ya terminó con el berrinche? Él va a reaccionar cuando recapacita. Perdón pide hoy
estoy muy irascible, ya me pasó en el consultorio. ¿Hoy? Él la mira. Ya
hablamos la sesión pasada sobre su malhumor. Convengamos que hoy tengo motivos.
Para estar preocupado, no para agredir al que se cruza en su camino. Es cierto reconoce
esta tarde se me fue la mano con un par de pacientes. ¿Tiene en claro que la
responsable de su irritación no es solo Cecilia? Él se queda pensando. Todo
el asunto con mi viejo me desbalanceó; pero hoy no puedo darme el lujo de
dedicarle otra sesión a él; tengo que decidir qué voy a hacer con Cecilia.
¿Escucharla? La otra vez la escuché y me dijo que estaba enamorada de otro
hombre. Quizás esta vez no. Él
la mira con interés.
¿Qué supone? No es mi tarea suponer; solo intento despegarlo de su actitud
infantil para que pueda abordar a su mujer de la manera más adulta posible. Él se tapa la cara con ambas manos. No quiero perderla dice.
¿Pensamos juntos cuáles son las posibilidades ella dulcifica la voz y cuáles es
la mejor estrategia para afrontar cada una de ellas?
Sale de la sesión más tranquilo. No está obligado a
nada. Ni siquiera a contarle a Cecilia que leyó los mensajes. Quizá si su mujer percibe que usted
está receptivo ella misma le cuente lo que le tiene que contar; nada de lo que
ocurre es ajeno a usted; todo lo que nos acontece nos pertenece dijo Ana María.
No quiero perder a Cecilia, se dice nuevamente. Otra vez no, por favor
no. Pone el auto en marcha. Esto es como retroceder en el tiempo piensa. El
ruido del motor le llega junto con la melodía que en aquella época de pesadilla
lo rondaba. No debemos de pensar que ahora es diferente/ Mil
momentos como éste quedan en mi mente/ No se piensa en el verano cuando cae la
nieve/ Deja que pase un momento y volveremos a querernos. Suena un
mensaje en su celular. En el primer semáforo en rojo atiende. Tengo antojo
de helado, papi, ¿me traes? La mocosa le arranca una sonrisa.
No me siento tan sola en el sobrepensar jajaja
ResponderBorrarUna máxima importante: no suponer!
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