viernes, 13 de febrero de 2026

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Ana María, sentada frente a él, sonríe. Hoy comencé a atender le recuerda él. ¿Cómo le fue? Creí entender que, dado que no está de acuerdo con mi técnica dice él con cierta sorna en la voz ya no quería oficiarme de control. Ella redobla la sonrisa. Su puta sonrisa, piensa él. Le estoy preguntando por usted. Ana María suele irritarme, registra él, se toma unos segundos y contesta creo que estuve bastante efectivo. ¿Disfrutó? Gustavo se queda pensando. ¿Disfrutó?, ¿Ana María disfruta atendiéndolo?, ¿se disfruta escuchando las miserias de alguien? No lo sé dice al cabo me resulta difícil darme cuenta de cuando disfruto. También fuera del consultorio afirma ella. Él la mira fijo. ¿Qué quiere decir? pregunta, aunque en realidad debería preguntarle: ¿qué quiere al decirlo? Me parece que está más entrenado en percibir sus zonas de disconfort que sus zonas de disfrute. Algo se agita dentro de él, la puta que la parió, otra vez acertó. Puede ser admite varias veces detecté durante las sesiones mi fastidio, mi aburrimiento; no sé si registré mi satisfacción con el trabajo realizado se toma la cabeza me estoy transformando en un cascarrabias. ¿Qué es lo que no anda bien fuera del consultorio? Ya lo charlamos; tener que modificar mi vida a raíz de mi padre me hace sentir que retrocedí. Ana María permanece unos segundos en silencio, sonriéndole. ¿Está seguro de que es un retroceso?, usted decidió hacerse cargo de la fábrica voluntariamente porque, además de tranquilizar a su padre estaba defendiendo sus propios intereses; usted decidió interrumpir su consultorio; usted decidió que ahora está en condiciones de adjudicarse un día; usted irá evaluando cuándo podrá sumar más días; todas decisiones de adulto que, me consta, tomó en acuerdo con su mujer y con su padre; ¿por qué verlo como un retroceso? Parece que no estoy diseñado para ser feliz dice él. Solo podemos inferir que le cuesta detectar cuando es feliz. Totalmente cierto; esta mañana cuando me dirigía hacia el consultorio me dije a mí mismo: "deberías estar feliz y no lo estás"; pero sigo sin saber por qué me siento mal. Ana María lo mira un rato largo y luego pregunta ¿cómo va todo en su familia?; en los últimos encuentros se limitó a hablar de su padre, de su relación con su padre. Él se oprime las sienes. Es que eso contamina todo. Debo inferir de su comentario que considera que sus relaciones familiares están "contaminadas", ¿contaminadas con qué?, ¿con su malhumor?, ¿con su insatisfacción? Quizá; yo solo percibo el mal humor de Cecilia, la lejanía de los chicos. ¿A qué atribuye el mal humor de Cecilia? Él tiene un respingo interno. No lo pensé admite. ¿Lo pensamos juntos? propone ella. Creo que no quiero pensar dice él, la vista en el piso. ¿Por qué? La última vez que Cecilia estuvo tan rara tenía un amante. ¿En qué consiste su rareza ahora? Él se queda reflexionando. No sé, está rara. ¿Tienen buen sexo? El respingo se repite. Creo que hace más de una semana que no hacemos el amor. ¿Cree? No me acuerdo reconoce él. No parece estar muy atento a lo que ocurre en su pareja. Él se oprime de nuevo las sienes. La cabeza me va a explotar dice. ¿Le duele? pregunta ella. No, pero hoy pensé demasiado, se ve que estoy desentrenado. No solo con los pacientes afirma Ana María mientras se incorpora. Será mejor que dejemos aquí indica. Aún es temprano. Él, desconcertado, se para.

 

Sube al auto, fastidiado. Ana María abusa de su poder. Y no se caracteriza por dar explicaciones. Me trata como a un chico, piensa, pero soy tan profesional como ella. Estoy yendo le escribe a Cecilia. Pone el motor en marcha. Arranca sin que le haya llegado respuesta. Sí, está rara. Enciende la radio. No debemos de pensar que ahora es diferente. Qué recuerdos. Apaga inmediatamente. La puta que te parió maldice en voz alta.

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