lunes, 4 de mayo de 2026

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Perdón
repite Ema para la próxima ya sé que tengo que esperar. ¿Viniste sola? pregunta él. Sí, mi mamá me dejó porque estaba en la casa de Olivia, a tres cuadras de aquí; bah, sola no, mi amiga me acompañó, ella sí está acostumbrada a manejarse sola. La chica se sienta y lo mira. Hoy vas a estar contento de mí dice. Ema, ya te expliqué que vos no tenés que hacer nada para agradarme; es justo un punto que estamos trabajando. La chiquilina menea la cabeza, sonriente. No lo hice para ponerte contento pero supongo que sí lo harás. Él abre ambos brazos, sonriendo también. Hablé con mi papá cuenta Ema. El pulso de Gustavo se acelera. Increíble el paralelismo. Él también habló con Nacho. En realidad, él habló conmigo, evalúa. Te escucho dice. Como quedamos la última sesión, pasé por su estudio. No quedamos en nada, Ema; las decisiones son solo tuyas insiste él. Sí, Gustavo, ya entendí comenta la chica y él comprende que debe de ser muy cuidadoso con esta chica. Demasiado inteligente para mi gusto, piensa y se ríe internamente de sí mismo. Ni te cuento la cara que puso cuando me vio aparecer; “¿paso algo?”, me preguntó; “pasó que me cansé de esperar que me llames”, le contesté; empezó a darme un montón de excusas hasta que le dije que tenía hambre y entonces me invitó a almorzar sonríe, satisfecha estuve bien, ¿no?. Él va a reconvenirla por la pregunta, pero lo evalúa mejor y solo dice muy bien. Me llevó a un restaurante paquete como hace siempre, bah, como antes hacía; con mamá y Ale no pasamos de una pizzería; me preguntó por la escuela, pero le dije que no quería hablar de eso; “¿y de qué querés hablar?” me preguntó; y ahí le conté cómo me sentía yo cuando no me llamaba, cuando me cancelaba un programa, cuando no podía ver a mis hermanos, porque sí, Gustavo, son insoportables, pero no dejan de ser mis hermanos; cuando Sandra ni me dirigía la palabra; le recordé que yo antes tenía un cuarto en su casa y ahora, las pocas veces que iba, me hacían dormir en el sillón del living; le dije que desde que había empezado el secundario él nunca había ido a una reunión de padres, que no conocía a mis compañeros, que jamás una amiga mía había ido a su casa la chica se interrumpe y pide ¿me podés servir agua? Él registra que se la podía haber servido sola pero que requirió su intervención. Un papá que la cuide, piensa, ojo, Gustavo. Mientras le llena el vaso se recuerda que por suerte Alejandro sí la cuida. Como la chica calla él le pregunta ¿cómo reaccionó tu papá? No reaccionaba, se quedó helado un largo rato y después me agarró las manos y me pidió perdón; me dijo que no se había dado cuenta de que me hacía sufrir, que creía que él mucho no me importaba, “como tenés a Alejandro”, dijo; pero yo le contesté que Alejandro no era mi papá y que yo precisaba a mi papá. De pronto los ojos de la chiquilina se llenan de lágrimas. Ya lloré de nuevo dice con fastidio. ¿Lloraste frente a tu papá? Venía bien pero cuando me dijo lo de Alejandro ya no pude contenerme; de rabia lloré, Gustavo, te aseguro. ¿Rabia por qué? Porque él siempre descansó en Alejandro; cuando era chiquita a veces pensaba que si Ale se iba mi papá se iba a ocupar más de mí. ¿Te iba a querer más? Sí, cuando era chica eso pensaba, ¿qué idiota?, ¿no? Si hay algo que no sos es idiota dice él y como la chica calla él pregunta ¿y ahora seguís pensando lo mismo? No sé, a veces me parece que mi papá se olvida de que es mi papá; como si solo tuviera dos hijos; total de mí se ocupan mamá y Alejandro. De sus otros dos hijos también se ocupa su mamá. ¡Es que Sandra no sirve para nada!, ni para criarlos; aunque tiene niñera siempre le está pidiendo a mi papá que los lleve y los traiga, parece que no puede hacer nada sola dice y calla. Qué interesante comenta él quizá Sandra no es tan tonta como vos pensás y se dio cuenta de que la única manera de obtener atención de tu padre es demandar; vos no tuviste tanto éxito esperando que él se dé cuenta de lo que precisás. ¡Tal cual!, por eso el otro día se lo tiré todo junto; ahora ya no podrá decir que no se dio cuenta. ¿Cómo te quedaste después? pregunta y se pregunta a sí mismo cómo se habrá quedado Nacho. Ema tarda en contestar más livianaaños de callarme; de callarme ante él y de defenderlo frente a mi mamá para que ella no se pusiera mal. ¿Le contaste a tu mamá lo que charlaron? No, por supuesto que me preguntó, que insistió, pero le dije que era un asunto mío con mi papá, que no se metiera. ¿Cambio algo con tu padre luego de la conversación? Ema sonríe, se le hacen hoyitos. Hoy me va a venir a buscar y luego iremos a merendar; le dije que subiera así lo conocés de repente se le crispa el rostro ¿hice mal? Hiciste muy bien; estás haciendo todo demasiado bien; me parece que pronto ya no vas a precisarme. La chica se endereza en el asiento. No, Gustavo dice yo quiero seguir viniendo; me parece que solo aquí puedo ser lo que realmente soy. A él se le anuda la garganta. Inspira hondo. El portero eléctrico acude en su auxilio. Ema mira el reloj. Nos pasamos informa 16.05; él no es como mi mamá. Segundos después suena el timbre. Gustavo abre. Un hombre alto, delgado, muy buen mozo, le tiende la mano. Soy Pedro se presenta. Gustavo dice él. Ema se apresura. Nos vemos el miércoles se despide, besándolo. El portero suena nuevamente. Ni un segundo para distenderse. Gustavo está satisfecho. Muy satisfecho. Hermoso el trabajo de esta chica.


 

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