Al abrir la puerta se encuentra con una mujer y una muchachita. Soy Paz dice la mujer extendiéndole la mano no me quedó claro si yo también tenía que venir. Él se acerca a la chica y la besa. Bienvenida, Ema dice, la piba sonríe tímidamente y él pregunta ¿precisás que tu mamá se quede? La chica menea la cabeza. Él, entonces, le sonríe a la mujer y pregunta ¿vos la venís a buscar o se va sola? No, vengo yo, así le abono el mes. Él la acompaña al palier y le da un beso. Nos vemos la despide. ¿Me siento? pregunta la chica. Él asiente, le señala el diván y se ubica frente a ella. Ema, ¿cuántos años tenés? Catorce, pero voy a cumplir quince. Gustavo contiene su sonrisa: le falta levantar los deditos flexionados, aunque la medida de su crecimiento es que ya no le alcanza ni con las dos manos. Es una adolescente delgada, largo cabello lacio y rubio, los ojos oscuros. Delicada. Bonita, particularmente bonita. Vestida…, Gustavo busca la palabra... , impecable, demasiado impecable. Él la mide con su hija, siempre desharrapada, como le dice su madre a lo que la chiquilina acota: Abuela, estoy cómoda. Él recoge unos cuantos datos que vuelca en su cuaderno. Luego de unos minutos de silencio en los que la mirada de la chica inspecciona el consultorio, él le pregunta Ema, ¿por qué estás acá? Mi mamá ya habló con el otro psicólogo, Andrés me dijo que se llama, ¿él no te contó? Me gustaría que me lo contaras vos. La chica flexiona las piernas y se sienta sobre ellas. Se está distendiendo, registra él. Mi mamá está preocupada porque tengo pocos amigos. ¿Y a vos te preocupa? La chica se queda pensando. Mi mamá considera que son pocos, pero a mí me alcanzan. Él repara en que todas las alocuciones comienzan con el mismo sujeto. ¿Entonces? ¿Entonces qué? repregunta la piba. Entonces por qué estás acá; las preocupaciones de tu madre tendrán que ser resueltas en su propia terapia; este es un espacio en el que vos serás la única protagonista; el trabajo solo cobrará sentido si a vos él eleva el tono al pronunciar el pronombre te interesa charlar sobre tus preocupaciones, tus dificultades. La chica calla. ¿Te obligaron a venir? inquiere. Mi mamá nunca me “obliga” contesta la chica elevando ambas manos y haciendo el gesto de comillas. ¿Tenías ganas de venir? Curiosidad contesta Ema. Es una chica inteligente, evalúa él, correcta pero muy desenvuelta. Empecemos de nuevo propone él sonriendo Ema, ¿qué te preocupa? ¿Lo que yo diga se lo vas a contar a mi mamá? De ninguna manera, este espacio es solo nuestro. Ema se reacomoda, se apoya en el respaldo. Vamos bien, evalúa él. Me tienen harta dice de pronto. ¿Quiénes? ¡Todos!; mi mamá, mi papá, mi abuela, hasta Alejandro. ¿Alejandro? El marido de mi mamá. ¿Por qué te tienen harta? Todos suponen saber qué tengo que hacer, cómo me tengo que portar, cuántos amigos debo tener; ¡me tratan como si fuera una nena! Adolescente de manual, determina él, como escucharla a Martina. Arranquemos del principio propone él ¿me querés hablar un poco de tu familia? ¡Uf! resopla Ema es complicado. Te escucho. Mis papás están separados la chica eleva los hombros y agrega eso ya lo sabrás. El vínculo es entre nosotros dos, repito; lo importante es lo que vos me cuentes. Siempre hay bardo entre ellos; por el dinero, por los horarios, por mis salidas, por si me quedo o no en lo de mi padre, por si Alejandro se mete demasiado, o la mujer de mi papá, Sandra se llama, demasiado poco; sobre cada situación relativamente importante de mi vida cuatro personas dan su opinión: mi mamá, mi papá, mi abuela y Alejandro; a veces Sandra también si es que en algo puedo perjudicarla; es agotador. A Gustavo lo atraviesa el cansancio de la piba. Me parece que te olvidaste de la opinión fundamental comenta. No te entiendo, ¿cuál?, hasta a Sandra la incluí. La tuya. La chica ladea ligeramente la cabeza. A veces ni sé lo que opino yo; lo que más necesito es que dejen de pelearse; la cabeza me explota. ¿Las discusiones son violentas? La chica sonríe; se le hacen hoyitos. Se ve que todavía no conocés a mi familia; todos son muy educados; difícil que alguien levante la voz, las malas palabras no existen; pero cuando empiezan a “intercambiar opiniones” otra vez hace el gesto de comillas elevando ambas manos no paran; a veces preferiría que se agarraran a las trompadas y la terminaran de una vez. ¿Qué hacés vos en esos casos? Ema se queda desconcertada. ¿Qué hago?; muchas veces me alejo o me tapo los oídos, quisiera desaparecer, dejar de ser la excusa para que ellos puedan confrontar eternamente; parece que se pelearan por mí, pero mi sensación es que empezaron a pelearse antes de que yo naciera; es como entrar al cine con la película ya empezada. Esta chica es muy inteligente, calibra él, tiene solo catorce años. Me parece que ya encontramos un motivo para iniciar estos encuentros. La chica se endereza en el diván. ¿Cuál? pregunta abriendo los ojos. Que en lugar de eclipsarte para que terminen los conflictos, tus necesidades, tus deseos, tus opiniones, tu voz, en definitiva, ocupe el lugar central. Ema con ambas manos se abraza a sí misma. Luego lo mira fijo y muy seria le pregunta ¿y vos podés conseguir que yo me anime? Él la ve tan desvalida, tan entregada, que se conmueve. Vamos a intentarlo juntos dice confío en que lo lograremos. La chica suelta los brazos y afirma con la cabeza. ¡Dale! exclama. Él está pensando cómo continuar cuando suena el timbre. Mi mamá dice Ema incorporándose es superpuntual. Él también se para. Te veo el miércoles próximo la despide. Me gustó venir. Él le oprime el hombro y se dirige a abrir la puerta.
Está agotado. Fuera de entrenamiento, piensa. Cada vez está más convencido: las madres son el origen de todo. Allá lo que opine Ana María, en eso seguirá centrando el foco. Timbre. Marcelo. Ayer estuvo repasando su ficha con atención. Al menos uno conocido. No le dará tanto trabajo. ¡Ese hombre sí que tiene trabajo!

Qué lindo encontrar a Ema y a Paz de nuevo! Pero debo admitir que me decepcionó que Ema tenga una carga parecida a la que Paz tenía… qué lástima que haya repetido el patrón de su madre! Al menos tomó la decisión inteligente de llevar a su hija a terapia! Ansiosa porque aparezca su tío en escena!
ResponderBorrarNo es tan fácil virar una historia. seguramente Ema ayudará a su madre para que pueda modificar su vida aún más
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