lunes, 20 de abril de 2026

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Marcelo entra, se desmorona en el diván y permanece en silencio. ¿Querés agua? ofrece Gustavo. ¿Tendrías un café? pide el hombre. Él, desconcertado, asiente, se dirige a la cocina y prepara la Volturno. Desde allí pregunta, alzando la voz ¿azúcar, leche? Dos cucharaditas de azúcar es la respuesta. Minutos después regresa con dos tazas humeantes. Te agradezco dice Marcelo sin combustible no funciono. Ya me siento mejor informa luego, el pocillo vacío, y como calla Gustavo pregunta ¿te pasó algo? La topadora por encima. ¿Querés contarme? Anoche hablé con Patricia; estaba cenando con ella en un restaurante y me llamó Matilde; me preguntó dónde estaba y le respondí que con Fernando; cuando corté Patricia, que no tiene un pelo de tonta, me preguntó por qué le mentía; iba a inventar algo cuando me acordé de vos por primera vez sonríe entonces, sin anestesia y con detalles, le hablé de la existencia de Lorena. Marcelo se interrumpe y, ahora sí, se sirve agua. La toma con fruición. Como no sigue hablando Gustavo pregunta ¿cómo se lo tomó? La cara se le iba desarmando minuto a minuto, pero no pronunció una palabra; cuando terminé dijo que no estaba en condiciones de hablar y me pidió que la alcanzara a su casa; fuimos en el auto en absoluto silencio; se bajó sin saludar y es lo último que supe de ella. Se restriega la cara con ambas manos. No pegué un ojo informa qué cara tendría esta mañana que, cuando las llevé como siempre al colegio, Matilde me preguntó si me pasaba algo; yo negué, por supuesto, pero cuando se bajó del coche sentenció “vos anoche no estabas con Fernando”; Agustina, pobre, miraba sin entender nada. ¿Qué pensás hacer? inquiere él. Creo que dejaré pasar un par de días antes de intentar comunicarme responde Marcelo. Seguramente Patricia necesitará tiempo para procesar tanta información concuerda él. Reflexiona unos segundos y luego agrega me parece que hay otros dos frentes pendientes. ¿A qué te referís? Matilde y Agustina responde él. Demasiado para mí; no quiero volver a casa porque sé que Matilde me acribillará a preguntas y qué sentido tiene contarle cuando seguramente Patricia no querrá volver a verme dice Marcelo y se agarra la cabeza con ambas manos. Te falta Agustina le recuerda él. Le diré que es un asunto entre Matilde y yo. No me refiero al episodio del auto le aclara él. ¿A qué entonces? A la identidad de Lorena. En este momento Agustina es el menor de mis problemas. ¿Cuál sería el motivo del alejamiento de Patricia?, ¿lo que ocurrió o que se lo ocultaras? Que no se lo contara, obvio. Él se toma unos segundos antes de plantear ¿qué puede llegar a sentir Agustina cuando, la verdad siempre termina sabiéndose, se entere de un secreto que Matilde sí compartía?, ¿no contemplás el riesgo de que eso genere un quiebre no solo con vos sino también entre ambas hermanas? Marcelo lo mira muy serio. Vos pretendés demasiado de mí, Gustavo. Él se plantea si está dirigiendo la terapia en la dirección correcta; quizá se excedió. Solo intento alertarte, por supuesto que las decisiones y los tiempos son tuyos. Luego de una larga pausa Marcelo dice tenés razón, mi cobardía me costó perder a Patricia; no debiera sumarle la pérdida de mis hijas; cuando me reponga de esta me ocuparé de ellas, son dos chicas de oro, se lo merecen; ¡suerte que no sumaste a Sofía! exclama por fin sonriendo. Ya llegará el momento dice él tiempo al tiempo. ¿Querés que te confiese algo? propone Marcelo luego de beber agua de algún modo estoy aliviado; la tensión de ir prolongando la catástrofe era insostenible; ya está, lo que tenga que ocurrir ocurrirá, no se puede frenar el mundo con una mano. Gustavo sonríe complacido. Marcelo se incorpora. Me voy informa tengo una reunión de trabajo importante a las ocho, veré si puedo dormir un ratito antes. Te veo el miércoles dice Gustavo ya de pie. Cuando lo despide en el ascensor le palmea el brazo y le desea suerte. ¿En la reunión? pregunta Marcelo sonriendo. En la vida es su respuesta.

 

Estoy de buen humor, dice por segunda vez en el día y decide olvidarse de qué lo corrió de ese estado la primera. Está por prepararse un café cuando decide que se merece uno en Sigi. Pasa un trapo por la mesa, acomoda los almohadones, cierra la cortina y apaga las luces. Otro miércoles, se dice satisfecho.

 

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